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jueves, 26 de marzo de 2015

CON LA NUEVE



El jubilado español que liberó París


Caía la tarde del 24 de agosto de 1944 cuando los soldados de La Nueve, una compañía de la División Leclerc, entraba en París, por la Puerta de Italia, dispuesta a liberar la ciudad. Entre vítores de los parisinos, los combatientes callejearon para evitar a los alemanes hasta alcanzar el Ayuntamiento de la capital. Las campanas repicaron. Ellos cantaron Ay, Carmela. Eran republicanos españoles y entre ellos estaba Rafael Gómez. Hoy, a sus 94 años, será un rey, el de España, el que le rinda homenaje por aquella gesta. Es el único superviviente que puede contarla. Vive modestamente en Longolsheim, a las afueras de Estrasburgo, la ciudad que Gómez también liberó en ese principio del fin de la II Guerra Mundial.

Gómez ha tenido una vida extraordinaria y su longevidad ha querido que sea hoy el representante de La Nueve, esa compañía admirada por su bravura, formada por 160 hombres, 146 de ellos españoles, la mayoría comunistas y anarquistas expulsados de su país. Hombres curtidos en la guerra civil que sufrieron el exilio, los campos de concentración y la muerte. Al final de la II Guerra Mundial solo sobrevivieron dieciséis, pero ganaron la batalla a los nazis y ahora Francia empieza a reconocer su valía.

En una pirueta del destino, Rafael Gómez, un republicano de corazón, iba a representar a La Nueve ante los Reyes de España en el homenaje previsto en París dentro de los actos de la visita de Estado cancelada tras la tragedia aérea de los Alpes. “No hay más remedio que pasar por ahí”, bromea por teléfono desde su casa de Estrasburgo. En otra pirueta, iba a saludar al bisnieto de Alfonso XIII, a quien también conoció en su adolescencia, cuando “le echaron de España y lo metieron en un barco”. Antes de eso, su propio padre, carabinero, sirvió en la guardia del bisabuelo de Felipe VI.

Rafael fue movilizado en España con solo 17 años en la Guerra Civil. Al final de la contienda se exilió en el país vecino, donde sufrió los rigores del campo de concentración de Saint Cyprian de la Francia colaboracionista de Vichy. Logró salir con vida y refugiarse en Orán (Argelia). Allí terminaría formando parte de la 2ª División Blindada del legendario general francés Phlippe Leclerc. En esas colonias africanas anidó su leyenda y la de sus aguerridos soldados españoles. Quizá porque, como el propio Gómez cuenta, el suyo era un batallón de choque, siempre en primera línea, sin retroceder un solo paso incluso ante enemigos supuestamente superiores. Fue entonces cuando Leclerc hizo su juramento de luchar hasta lograr poner la bandera francesa en la catedral de Estrasburgo. Gómez estuvo allí. Hoy, muchos de sus vecinos desconocen su gesta. Ignoran que la libertad de que disfrutan se la deben en parte a un modesto zapatero de origen español ya retirado.

Los hombres de Leclerc fueron trasladados de Argelia a Marruecos y de allí al sur de Inglaterra. Finalmente, a principios de agosto de 1944, cruzaron la Mancha y desembarcaron en Normandía. El camino hacia París registró pérdidas dramáticas. Muchos compañeros murieron en batalla, pero La Nueve fue la primera en llegar a París, el 24 de agosto de 1944. Al día siguiente, escoltarían con sus vehículos blindados al general De Gaulle por los Campos Elíseos. “Qué satisfacción y qué felicidad para aquellos españoles, combatientes de la libertad. París era un extraordinario símbolo para ellos”, escribiría treinta años después otro legendario militar francés que peleó junto a La Nueve, el capitán Raymond Dronne. Su hija, por cierto, estará en el Ayuntamiento de París en el homenaje que el miércoles le rinde la ciudad junto a los Reyes de España.

Muchos parisinos creyeron que aquellos soldados eran franceses, pero sus vehículos lucían nombres tan expresivos como Ebro, Guernica, Teruel, Guadalajara, Don Quichotte… El hispanista Robert S. Coale cuenta en el epílogo de La Nueve, del cómic de Paco Roca: “En mis primera investigaciones, me encontré una curiosa fotografía en color de los soldados en los Campos Elíseos en agosto de 1944. El uniforme era americano, pero sus vehículos llevaban nombres españoles y con el puño hacían el saludo del Frente Popular”.

Gómez no da importancia ahora a la gesta que vivió. Tampoco le gusta dar detalles. “Terminó bien, se ganó y estamos contentos”, dice y añade con amargura: “Pero la guerra…”. La periodista y escritora española Evelyn Mesquida ha relatado con detalle la historia en su libro La Nueve. Los españoles que liberaron París (Ediciones B) y sabe, tras entrevistar durante estos últimos años a media docena de combatientes –la mayoría ya fallecidos-, que su trauma les empuja a silenciar lo ocurrido. Ella ha luchado para que Francia reconozca, aunque sea tarde, sus méritos. Rafael fue uno de los que fue condecorado gracias a ella. “Me hizo mucha ilusión que me nombraran caballero de la legión de honor”.

De aquellos 146 hombres solo quedan dos: Rafael Gómez y Luis Royo, pero este último está hospitalizado muy delicado de salud. Todos albergaron durante años el sueño de volver a España para derribar a Franco. “No hubo manera”, dice Gómez. Una vez que los republicanos españoles llegaron hasta el Nido de Águilas, el refugio de Hitler, y una vez terminada la II Guerra, quedó sepultado el proyecto de seguir luchando contra el fascismo también en el sur. “Queríamos volver”, insiste Gómez.

Dice Mesquida que los de La Nueve son “los hombres de las cuatro traiciones”. Las grandes democracias europeas abandonaron su causa, Francia les maltrató al principio internándolos en campos de concentración, no lograron el apoyo logístico para luchar contra Franco una vez derrotado Hitler y, finalmente, también la Francia Libre de Charles De Gaulle, empeñada en afrancesar la Resistencia y la liberación, les condenó al silencio. Los mismos que escoltaron al general con sus banderas republicanas por los Campos Elíseos fueron luego conminados a abandonar sus estandartes. “No guardo ningún rencor”, asegura, sin embargo, Gómez.

Derrotado Hitler, Rafael Gómez volvió a Argelia. Allí se casó y tuvo cuatro hijos. En 1957 regresó a Francia, a Estrasburgo. El reconocimiento le llega a través de los libros que hablan de él. Un paisano, Alfonso Viciana, acaba de publicar también su historia. “Estoy yo dentro”, explica, “pero en casa nadie lo puede leer porque no saben español. Aquí hablamos una mezcla”.
Y si algo le hace ahora feliz es saber que la alcaldesa de París, la gaditana Anne Hidalgo, está detrás del homenaje que ahora le rinde la ciudad. “Es hija de un republicano; como yo”.


Fuente                                         Gabriela Cañas
elpais 

 "Sólo en la fortuna adversa se hallan las grandes lecciones del heroísmo." Séneca

miércoles, 25 de marzo de 2015

LA DEUDA DE ESPAÑA




Zapatero, de la marcha verde a la marcha tonta (pero no es el único)

Zapatero ha visitado el que fue Sahara Español aplaudiendo su invasión por Marruecos. Defiende sus negocios, pero empeora aún más la posición de España.

El expresidente del Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero participó la semana pasada en la ciudad saharaui de Villa Cisneros (Dajla, en árabe) en el foro Crans Montana, patrocinado y pagado por la potencia invasora y ocupante, Marruecos. Ya en noviembre de 2014 viajó a Marrakech para participar en el II Foro Mundial de Derechos Humanos, también de propaganda a favor de Rabat. Antes, en 2009, Miguel Ángel Moratinos gestiononó mal y favoreciendo a Marruecos el problema simbólico de Aminetu Haidar. En la era Zapatero, el ministro marroquí, Taib Fassi Fihri, usó el servicio exterior de España como correa de transmisión de su política.  


Y con eso se volvió a las peores prácticas del peor franquismo. "En 1975, con un país perplejo ante el inevitable final de un régimen, Marruecos combinó hábilmente las viejas marrullerías orientales con una sagaz comprensión de la política moderna. El resultado fue la Marcha Verde, un brillante ejercicio de imagen y de diplomacia que gracias a la pasividad española hizo posible lo que jamás habría sido posible por las armas. Y hoy la bandera de Mohamed VI ondea en El Aaiún", y en Villa Cisneros. Algunos ministros franquistas, la mayoría de los líderes socialistas y lamentablemente no pocos populares crearon, mantuvieron y defienden el Gran Marruecos imperialista e invasor.

Hace cuarenta años el Sahara era una provincia de España y El Aaiún y Villa Cisneros ciudades tan españolas como Lugo o Cuenca, hasta con su Parador de Turismo. De hecho, sus diputados habían participado en algo tan importante como la proclamación de don Juan Carlos como príncipe. Y aunque España había previsto conceder la independencia al territorio había prometido hacerlo respetando la voluntad, la libertad y los intereses de los saharauis, que nunca habían sido marroquíes. El 27 de febrero de 1976, el mismo día en el que abandonaban el territorio del Sahara Occidental los últimos funcionarios españoles, en Bir Lehelu el Frente Polisario proclamó la independencia de un nuevo Estado, la República Árabe Saharaui Democrática.

Zapatero actúa al servicio de intereses que no conocemos, pero no es una novedad. Hasta la huida desaprobada por la ONU, promovida por algunos ministros franquistas bien pagados por Rabat y presidida por Juan Carlos I, los saharauis tenían DNI español, iban a la escuela española y cumplían su servicio militar, a la vez que miles de jóvenes del resto de España. Sin embargo, Marruecos siempre tuvo sus partidarios en el seno de la Administración española. Monárquicos convenientemente halagados, jerarcas franquistas bien seducidos, grandes empresarios magníficamente financiados: españoles muy notables como José Solís, "la sonrisa del Régimen", estaban dispuestos a apoyar la tesis anexionista de Rabat, contra la historia del Sahara, contra la voluntad de los saharauis, contra la decisión de la ONU y contra los mismos intereses de España.

Marcha Verde


El 31 de octubre de 1975 Marruecos lanza la "Marcha Verde" para hacerse con el territorio. El Régimen duda y el Príncipe asume de hecho la Jefatura del Estado ante la enfermedad de Franco. El 1 de noviembre don Juan Carlos, en uniforme de general del Ejército de Tierra, visita el Sahara para tranquilizar a los militares –que han sido desplegados con medios suficientes para rechazar cualquier agresión marroquí, y que se consideran en condiciones incluso de lanzar una ofensiva mecanizada en caso de ataque- y para comprometerse a defender los derechos del pueblo saharaui. De nada sirvieron esa potencia ni ese compromiso. El 14 de noviembre de 1975 se firmaron los acuerdos de Madrid entre España, Marruecos y Mauritania por los que España –la España ya en manos de don Juan Carlos y abocada en su mente y en otras a la Transición- cedía de facto la administración del territorio a los otros dos países firmantes, sin renunciar técnicamente a la soberanía –ya que la ONU había encomendado a España la descolonización- pero sin apoyar al pueblo saharaui.

Zapatero, bien pagado en Villa Cisneros, ha actuado contra los intereses de España. Exactamente como antes Solís, Cortina Mauri, Adolfo Suárez y Gutiérrez Mellado. Marruecos tiene sus leales agentes y sus sumisos servidores, por múltiples razones, a uno y otro lado del espectro político. El problema no está esencialmente ni en Rabat ni El Aaiún ni en Villa Cisneros, sino en Madrid. En un sistema político que recibe sonriente y sumiso las humillaciones de una dictadura confesional vecina. Y donde se tiende a olvidar dónde están las respuestas al problema. No en la izquierda ni en la derecha, ni en las ONG, ni en la sombra improbable de los Tercios Saharianos de la Legión. Es en España, cuyo interés y sobre todo cuyas obligaciones internacionales son los que son, y en los saharauis, que merecen una España mejor que la de Zapatero.

Y marcha tonta


Zapatero ha hecho el tonto, ha arrastrado por el fango el nombre de España a cambio de una limosna. Se ha retratado ante un mapa marroquí del Sahara. Pero se le ha dejado hacer, y hay personajes dispuestos a hacer lo mismo en casi todos los partidos. Para las Naciones Unidas, España es aún la administradora legítima del Sahara, ya que la ocupación y la anexión posteriores no han modificado la soberanía que España prometió a aquellos ciudadanos suyos. Nuestra transición, y por ende nuestra actual democracia, están basados en una doble mentira que nos convierte a todos en poco menos que tontos. Don Juan Carlos de Borbón, Jefe del Estado ya entonces en ejercicio, dijo en El Aaiún el 2 de noviembre de 1975 que "España cumplirá sus compromisos" y que "deseamos proteger los legítimos derechos de la población civil saharaui". Hemos incumplido las dos promesas, lo que hace de Zapatero sólo un portavoz de un problema y una deuda nacionales que deben ser solucionados.

Fuente                                         Pascual Tamburri
elsemanaldigital

martes, 24 de marzo de 2015

UNIDA Y PODEROSA



A 24 años del asesinato de la URSS


Hace 24 años tuvo lugar un acontecimiento único en su género, el referéndum sobre la preservación de la URSS. Prácticamente al pueblo soviético, se le propuso decidir el destino de su patria, seguir existiendo o dejar de hacerlo. A pesar de la descarada propaganda contraria al mantenimiento de la Unión y la negativa en la práctica de una serie de repúblicas a tomar parte en la votación, o en cualquier caso en su organización, la mayoría absoluta de los ciudadanos (no solo de entre aquellos que tomaron parte, sino en general) se pronunció por el mantenimiento de la unidad del país.

Entre aquellos, que festejaron la victoria entonces, es decir aquellos a los que denominaban “mayoría agresivo-sumisa”, que luego pasarían a llamar “roji-pardos” y que hoy denominan “vátniki”, se encuentra el autor de estas líneas. Pero nuestra alegría, por decirlo de un modo suave, fue bastante efímera: la voluntad del pueblo soviético, expresada en el referéndum, fue burda y cínicamente ignorada por los dirigentes de tres repúblicas de la Unión, Ucrania, Bielorrusia y Rusia, por los señores Kravchuk (aunque si bien es cierto, le dio tiempo a celebrar un referéndum sobre la independencia de la república) Shushkévich y Yeltsin. En este artículo intentaremos llegar a comprender el cómo y el por qué tuvo lugar tan flagrante conculcación de la decisión de la mayoría de los ciudadanos de la URSS.
 
Así pues, ¿cuáles fueron los motivos de la muerte de la “unida y poderosa” Unión Soviética?

Primera causa: la traición de las élites con respecto a su propio país.

En este caso por élite entenderemos no solo a ese estrato superior de la burocracia partidista y estatal, en cuyas filas resultó haber no pocos estadistas que posteriormente de un modo abierto, sin la menor sombra de vergüenza, reconocieron que en realidad odiaban todo lo soviético y socialista, que supuestamente ensalzaban en sus trabajos y ponencias. El círculo elitista era bastante más amplio. Allí habría que incluir a los cargos con responsabilidad en las administraciones públicas de mayor prestigio, a los “emprendedores” clandestinos, convertidos en la etapa de Gorbachov en cooperativistas legalizados, y una parte importante de representantes del mundo de la cultura. Muchos representantes de estas capas, despreciaban abiertamente a los que entonces ya denominaban “sovki”. Su principal objetivo residía en destruir un sistema, en el que podían en un abrir y cerrar de ojos verse privados de su situación de privilegio, en el que no podrían marchar a occidente y transferir allí todo lo acumulado con sus verdades, y principalmente con sus mentiras. Pero lo más importante es que los representantes de ese estrato, especialmente de esa “dorada” juventud soviética, no tenían nada en contra de poder apropiarse de los más preciados pedazos de la propiedad estatal.

Así pues, la tarea de todos estos “Smerdiakov” de orientación antisoviética era una: hacer todo lo posible para que la Unión Soviética dejase de ser grande y poderosa. Pero el ataque de caballería del 17 de marzo de 1991 fracasó. Inclusive en Moscú, a la que lo entones precursores de los de las “cintas blancas”, e incluidos ellos mismos, solo que 20 años y pico más jóvenes, habían inundado con octavillas en las que presentaban a la URSS como una supuesta “cárcel de pueblos”, ganó por mayoría, aunque más exigua de la que reflejó el país en su conjunto, la opción de preservar la Unión.

Pero hubo algo que los representantes de la “quinta columna” sí consiguieron. Paralelamente en el territorio de la RSFSR se llevó a cabo el referéndum sobre la introducción de la figura del presidente ruso. Teniendo en cuenta la aportación y dimensiones de Rusia en la economía nacional, esa decisión suponía poner una mina de acción no demasiado retardada, en la unidad del país; Más aún cuando los diputados rusos ya se las habían ingeniado para aprobar una declaración sobre la independencia de Rusia, en cierto modo de sí misma, en las fronteras prerrevolucionarias. Ahora ese absurdo podía conducir, y de hecho lo hizo, a una guerra de leyes, decretos y disposiciones, que sembraron el caos en el estado.

Segunda causa: el nacionalismo contumaz, inoculado artificialmente en muchas repúblicas de la Unión

Cuando Hitler definió con arrogancia a la Unión Soviética, como un “gigante con pies de barro”, probablemente se refería al hecho de que nuestro país era una unión de una gran cantidad de pueblos hermanos. Bastaba con enemistarlos, obligar a los hermanos, si no a odiarse unos a otros, sí cuando menos a relacionarse entre sí con recelo, para que el destino del país estuviese predeterminado. Por suerte, Hitler no tuvo tiempo suficiente, para contagiar a la sociedad soviética con el veneno del nacionalismo, mientras que los estrategas norteamericanos, tuvieron todo el tiempo del mundo, en el periodo de la guerra fría y por desgracia, lo supieron aprovechar al máximo.

La emisión de programas radiales “enemigos” tenía una distribución claramente orientada al componente nacional. Era una forma más cómoda de atacar ideológicamente, al unísono, a l lado fuerte y al talón de Aquiles de la URSS, su componente plurinacional. Por desgracia todas esas artimañas no tuvieron la reacción debida: Simplemente resultaba difícil de creer que a algunos de esos pueblos soviéticos, que hacía nada, en la escala histórica, habían resistido el embate del nazismo y habían alcanzado con su esfuerzo conjunto la mayor victoria en la historia de la humanidad, pudiese alguien o algo lograr enemistarlos. Pero por desgracia, en un momento de debilidad del socialismo tras la ascensión al trono de la secretaría general de M.S. Gorbachov, esas apenas perceptibles grietas, pasaron a convertirse en abismos difíciles de atravesar. El primer toque de atención y el primer intento de sondear la unidad del pueblo soviético fueron las revueltas de estudiantes en Kazajistán en 1986, después de que para el cargo de primer secretario del CC del partido de esta república, en lugar de al kazajo, D.A. Kunaev, se eligiese al ruso G.V. Kolbin.

Posteriormente los desórdenes por cuestiones nacionales se sucedieron en los más distintos rincones del país: en Asia central, en las repúblicas bálticas, en Moldavia; pero con mayor frecuencia en el Cáucaso. Aquí establecieron una linde entre los pueblos armenio y azerbaiyano, georgiano y abjasio, así como entre los pueblos de Osetia del sur. Y el que había sido un Cáucaso bendecido, al que el camarada Saajov de la comedia de Gaidaev “Prisionera del Cáucaso”, había bautizado como “granero, fragua y balneario de toda la Unión”, comenzó a arder con varios focos de guerras civiles. Los intentos del Ejército Soviético de restablecer el orden se toparon con la furiosa resistencia de los demócratas de la primera oleada, así como con la inhibición de Gorbachov, que prácticamente una vez tras otra, se negó a asumir la responsabilidad por los acontecimientos que se estaban produciendo. Como resultado el país se precipitó por aquel talud.

Tercera causa: las dificultades económicas de la URSS en los tiempos de la “perestroika” de Gorbachov

Ese estereotipo que todos tenemos donde se ven largas filas y estantes vacíos en las tiendas soviéticas, en la mayoría de los casos se relaciona con el periodo de “aceleración e intensificación” de finales de los 80. Entonces el socialismo tanto se “aceleró e intensificó” por los discípulos de Gorbachov, que pronto se convirtió en presa fácil de los antisoviéticos. Y la apertura y transparencia resultaron tan abierta y transparente, que además del alma de la Unión, el sistema socialista, se llevaron por delante a la propia URSS. Ciertamente no se puede negar que las estanterías vacías y las colas kilométricas jugaron su papel negativo en los procesos destructivos. Pero debemos señalar que ese papel estaba lejos de ser lo principal en la tragedia de la destrucción de un gran país.
Si hubiera sido de otro modo no se habría producido el referéndum sobre la preservación de la URSS. O mejor dicho, sí se habría celebrado, pero sus resultados probablemente hubieran sido muy distintos. El caso es, que la mayoría absoluta de las gentes soviéticas a pesar de los problemas económicos, de la falta de muchos productos, llegó a los centros de votación y respaldó la Unión, renovada, pero Unión.

Además, los indicadores económicos al año anterior, del 90, según nuestra escala de valores, fueron relativamente aceptables. La mayoría de repúblicas de la Unión, incluida Rusia, tardó décadas de reformas liberales en alcanzar unos niveles más que discretos en la historia de la URSS en muchos tipos de producción. No pudieron entre otras cosas, por la ruptura de los lazos económicos, la pérdida de proveedores y de mercados como resultado precisamente de la destrucción por parte de los enemigos del socialismo, del primer estado socialista.

Causa cuarta: la contribución directa e indirecta por parte de Occidente a los procesos destructivos

El modo más sencillo de sacar a la luz el pensamiento liberal de una persona, es proponerle que responda a la pregunta de si la URSS se desmoronó por sí sola, o la ayudaron, por así decir, a conciencia. Cualquier liberal que se precie dirá que por supuesto por sí sola, acompañándolo por ese montón de estereotipos antisoviéticos, que nos tienen ya hasta el gollete, sobre las colas y los estantes vacíos, sobre las represiones estalinistas, el déficit de trapitos de vestir occidentales, y la prohibición de viajar a países capitalistas. Por supuesto es difícil entender hasta qué punto pudo influir la falta de pantalones vaqueros o de perfumes franceses, sobre el destino de un país entero, pero esa es precisamente la argumentación.

En realidad entonces se recurrió a un escenario muy parecido al que, esos mismos círculos en occidente intentan aplicar ahora en relación a una Rusia plenamente capitalista: el estrangulamiento económico a costa de la rebaja artificial de los precios de los hidrocarburos, una vuelta más de tuerca en la espiral de la carrera armamentística y propaganda masiva. Por desgracia esa estrategia entonces encontró recompensa.
 
A medida que se iba implantando la denominada glasnost (transparencia), lo que en la práctica no era otra cosa que el auto linchamiento del país, la URSS se fue volviendo más vulnerable frente a la sutil propaganda occidental. Para comienzos de los 90, lo era ya frente a la propia propaganda liberal, a la que dieron “luz verde” los distintos aparejadores y arquitectos de la perestroika. Para desgracia de nuestra patria y regocijo del Tío Sam.

En las condiciones de guerra ideológica, que libraba occidente contra la URSS, eso supuso de algún modo la apertura de las puertas ideológicas, por las que se abalanzaron inmediatamente todos los “lasquenetes” de la propaganda enemiga. Y toda esa “tormenta cerebral” iba acompañada de un asedio económico sin precedentes. Esa confabulación de los imperialistas occidentales y los jeques de las petromonarquías de Oriente Próximo permitió reducir los precios de los hidrocarburos que exportaba Rusia y que tanta importancia cobran para el país.

Quinta causa: la debilidad de Gorbachov como figura política y líder del país

Lo cierto es que Mijaíl Serguéyevich no es un caso aislado en la historia de nuestro país, tuvo un predecesor, también en el s.XX, aproximadamente con las mismas consecuencias catastróficas para el estado. Me refiero a Nicolás II. Ni uno ni otro contaban con esa voluntad de hierro capaz de revertir una situación tan complicada. I.V. Stalin sí la tenía. No tembló incluso cuando las motos enemigas se adentraban en las afueras de Moscú en 1941, ni cuando las huestes de Hitler llegaron a orillas del Volga en 1942. Mientras que estos personajes históricos no contaron ni con una centésima parte de ese carácter de acero en los momentos decisivos.

Como resultado, M.S. Gorbachov, el 25 de diciembre de 1991, al igual que Nicolás II en febrero de 1917, renunció en la práctica al trono presidencial, renunció a su mandato y permitió que se arriase la bandera roja sobre el Kremlin, esa misma bandera, que el 30 de abril de 1945, los sargentos Yegorov y Kantaria habían izado sobre la cúpula del Reichstag derrotado. Pero aquello no fue más que el acorde final de la tragedia del país y del drama personal de su desdichado dirigente. Tres meses antes de aquello Gorbachov había dejado marchar a las tres repúblicas bálticas, creando así un precedente para las maniobras de los golpistas de Belovezh. Lituania, Letonia y Estonia recibieron su independencia de modo inesperado, de manos de un Consejo de Estado que no estaba previsto por la Constitución de la URSS. Sobre qué base jurídica se creó ese órgano, en qué leyes se amparaba, al aceptar la decisión de las repúblicas bálticas de abandonar la URSS, y por qué esa decisión la firmó el presidente de la URSS, que entonces al igual que ahora, se presentaba como defensor de la Unión, son preguntas que quedan sin aclarar en la historia.

Tampoco queda claro el papel de Mijaíl Gorbachov en el caso del “GKChP”. ¿Conocía las intenciones de su más cercano entorno o no? El comportamiento de Gorbachov en la historia de Belovezh también resulta extraño. En aquel momento, tenía fundamentos para haber arrestado a los conspiradores, pero no lo hizo, supuestamente porque esperaba las decisiones de los parlamentos de las repúblicas de la Unión. ¿Pero qué decisiones cabía esperar de ellos, teniendo en cuenta que los órganos rusos, controlados por uno de los firmantes de la conjura de Belovezh, como era Yeltsin, ya se arrogaban para sí las funciones de los órganos de la Unión?
 
Quedan muchos aspectos por aclarar en su conducta y proceder, y a menudo en su inhibición. Solo hay una cosa clara: el primer y último presidente de la URSS dimitió sin designar sucesor. Al poco de su marcha se marchó con su esposa Raisa, a descansar, por lo visto, con la conciencia tranquila.

El eco de la división de las aguas

Fuesen cuales fuesen los motivos, objetivos y subjetivos, para la destrucción de la URSS, ninguno de ellos reduce la culpabilidad de aquellos que la destruyeron en el bosque de Belovezh. Es un crimen de los que no prescriben. Se valoren como se valoren los vergonzosos acuerdos del 8 de diciembre de 1991, aquella fue una rendición vergonzosa e injustificable del país.

El eco de aquella catástrofe sigue retumbando en nuestros días. En Novorrusia combaten por un lado los antifascistas, aquellos que dijeron o hubieran dicho sí a la Unión Soviética aquel 17 de marzo de 1991, y por otra los antisoviéticos de todo pelaje, que entonces se pronunciaban y ahora lo hacen con mucha más fuerza, en contra de un país unido y hermanado. La línea divisoria entre ellos arranca en el desconocimiento de aquella victoria de los primeros sobre los segundos, en aquel histórico referéndum sobre la preservación del país soviético.


Fuente                                 Alexánder Yevdokímov
                                          (Traducido del ruso por Íñigo Aguirre)

lunes, 23 de marzo de 2015

EL GIGANTE MONSANTO



Conozca las 7 formas en las que Monsanto 

destruye nuestra salud 


El gigante de la biotecnología Monsanto acumula numerosas denuncias por los daños para la salud y las consecuencias negativas para el medio ambiente que conlleva la modificación genética de semillas y cultivos que practica la empresa.

'El Ciudadano' recopila siete motivos por los que la empresa biotecnológica Monsanto Corporation es nociva para nuestra salud:

1. Agente Naranja: En los años 60, la compañía era uno de los fabricantes y el principal beneficiario de este producto utilizado como arma química en la guerra de Vietnam. Como resultado del uso del agente naranja, alrededor de 400.000 personas murieron o sufrieron mutilaciones, 500.000 niños nacieron con malformaciones y un millón de personas quedaron discapacitadas o sufrieron problemas de salud. EE.UU. ha permitido a Monsanto y a otras empresas químicas realizar apelaciones y recibir protección ante las querellas y denuncias de los veteranos de guerra que alegaron daños y perjuicios por estos hechos.

2. Aspartame: Ya en el año 1994 el Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE.UU. (HHS, por sus siglas en inglés) publicó un informe que enumeraba 94 problemas de salud causados por este edulcorante no calórico. Se ha demostrado que causa daños graves que se acrecientan mediante el consumo prolongado, destruyendo áreas vitales del cuerpo humano. Sin embargo, el aspartame sigue presente con otras denominaciones en muchos productos comestibles habituales.

3. Sacarina: Diversos estudios con ratas de laboratorio demostraron que la sacarina produce cáncer, y en seis estudios realizados sobre pacientes humanos por el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU. se descubrió que quienes consumen edulcorantes artificiales como la sacarina o el ciclamato son más propensos a sufrir posteriormente cáncer de vejiga.

4. Somatotropina bovina recombinante (rBGH): También llamada hormona de crecimiento bovino, es una hormona modificada genéticamente por la empresa que se inyecta en las vacas para aumentar la producción de leche. Según varias investigaciones, existe un vínculo entre la leche rBGH y el cáncer de mama, cáncer de colon y cáncer de próstata en seres humanos. La hormona está prohibida en Canadá, Australia, Nueva Zelanda, Japón, Israel, la UE y Argentina.

5. RoundUp: Es el herbicida más popular del mundo. Se utiliza en cultivos genéticamente modificados que resisten al glifosato y sus residuos siguen presentes en los alimentos que más tarde se distribuyen en los supermercados. Según un estudio realizado por los oncólogos suecos Lennart Hardell y Mikael Eriksson, este herbicida está directamente relacionado con el cáncer y el linfoma no-Hodgkin.

6. Cultivos modificados genéticamente: Son creados por Monsanto mediante la manipulación genética del maíz, el algodón, la soja y la canola con el ADN de una fuente extraña. Estos cultivos están diseñados para ser resistentes a grandes dosis del herbicida RoundUp, y como consecuencia están generando la aparición de 'supermalezas', también resistentes a los herbicidas. Por este motivo, el herbicida RoundUP es cada vez más fuerte.

7. Semillas Terminator: La tecnología de Monsanto produce granos estériles incapaces de germinar. Esto obliga a los agricultores a comprar semillas de Monsanto cada año en lugar de guardar y reutilizar las semillas de sus cosechas, como se hacía tradicionalmente. Las semillas Terminator, y posteriormente las flores, producen la llamada 'polinización cruzada', ya sea por el viento o mediante las abejas (las que todavía no han muerto por culpa del RoundUp), y contaminan cultivos aledaños no estériles. De esta manera Monsanto pone en peligro las existencias de semillas naturales en el futuro. Finalmente, una contaminación total otorgaría el control del suministro de alimentos a nivel mundial a Monsanto y la industria de los transgénicos.

Fuente            Leer+ SOBRE MONSANTO
rt.com                       

domingo, 22 de marzo de 2015

"EDUCACIÓN PARA ADULTOS"



Prensa, Poder y Globalización

Los grupos mediáticos no llegan a la mayor parte de la humanidad, pero sí a la totalidad de cuantos toman decisiones que modifican el mundo

Prensa y civilización
 
La civilización es la hija de la cultura, la técnica y del progreso. El endiosamiento del avance técnico, al desequilibrar su relación con otros factores civilizadores como educación, participación en la vida pública, &c., convierte al progresismo en contaminación de ideas y modos sociales. En esa contaminación juega un papel básico la prensa como, idea que repetiremos, «educación para adultos». El progreso, en tanto busca monopolizar el desarrollo humano como ídolo público, es uno de los monstruos que ha engendrado el sueño de la razón que nos representó Goya, un sueño que no admite otros factores como sentimientos, identidad, &c. La razón, asegura Joaquín Estefanía, en un determinado momento histórico de vacío teológico, convertida en abstracción de logos, deviene en caricatura de sí misma.
 
El rápido desarrollo llevó a Heidegger a definir la técnica como una máquina devastadora. Julián Marías nos recuerda que «la sociedad técnica ha situado a sus gentes en un nivel de adaptación muy superior (...) y se les antoja natural y hasta insuficiente»{1}. La informatización la exigen en las cocinas y es aceptada de forma natural en las oficinas. En pos de ese progreso sin barreras, las mayorías «adoptan una actitud moral de disfrute de ese mismo progreso, olvidando la palabra deber y sustituyéndola en todo caso por derecho, que reclaman como algo de su propiedad»{2}.
 
Pero la tecnología no es inocua. La revolución tecnológica ha traído una revolución moral, sustituyendo los valores cristianos, dice Octavio Paz, por «un nihilismo de signo opuesto al de Nietzsche, no estamos ante una negación crítica de los valores establecidos, sino ante su disolución en una indiferencia pasiva». El paso del guerracivilismo a la indiferencia. Paralelamente, los cambios se suceden. Los habitantes del mundo desarrollado están en una adaptación permanente para poder afrontar la incertidumbre, la complejidad de los cambios. Estos son los planteamientos del mundo desarrollado, cuya propia definición incorpora a la tecnología como protagonista. «Interpretar el mundo desde el punto de vista de la tecnología favorece a las naciones industriales, aunque solamente en un sentido analítico, al tiempo que se reconoce el hecho de que la parte no tecnológica del planeta se define a menudo en parámetros tecnológicos, es decir, como subdesarrollado»{3}. El auge de la técnica universaliza un modelo político y económico común a los países occidentales: la democracia parlamentaria y el mercado libre.
 
De forma paralela, se inicia la creación de una elite tecnológica. El modelo postindustrial genera renueva sus cuadros dirigentes. El poder fluye hacia quienes controlan las comunicaciones. Nuevas profesiones se acercan al poder por medio de su influencia en la vida laboral y social cotidiana.. «Dominan el maquinismo y los imperativos tecnológicos, en radical desacuerdo con toda la humanidad y los imperativos morales. Un proceso basado en la expansión continua acaba por aplastar todas las ideas dignas de una adhesión humana»{4}

El proceso tecnológico descansa sobre la productividad y la eficacia. El dato es esencial para explicar la importancia de los medios en el proceso de globalización y en la aceptación del mismo por una mayoría inerte. El símbolo de la globalización, la aldea global, ha venido por medio del desarrollo en las comunicaciones y el empuje de los medios de comunicación. A través de ellos se presentan modelos de comportamiento y traducciones de la realidad. «La presentación y el acceso a la realidad, tanto pública como privada, es obra de los medios (...) reformulan lo real en función de sus intereses, sus usos y sus valores»{5}


La letra
 
Las civilizaciones se desarrollan con la escritura, se anuncian con el tránsito de la comunicación oral a la palabra escrita. Hasta la invención de la imprenta, la cultura de toda sociedad se fundamenta principalmente en la transmisión oral. Víctor Hugo{6} destaca que los hombres escribían en piedra hasta la extensión de la imprenta, la arquitectura queda relevada por la literatura como arte hegemónico. La imprenta traerá la generalización del saber.
 
Las hojas de rutas marítimas acompañaron a las naves inglesas en la construcción de su imperio. Entre los siglos XVIII y XIX se generaliza el diario. Desde la Revolución francesa la prensa forma parte integrante de la arena pública, es la dueña del coso donde transcurre la fiesta multinacional.
Con el telégrafo y el teléfono desaparecen las distancias, se mantiene la transmisión oral y comienza la era de las comunicaciones inmediatas. Le sigue el primer gran difusor de comunicaciones: la radio. Libros, periódicos, teléfonos, radios... son todos elementos portadores de comunicación lingüística. Incorporan nuevas tecnologías en su momento. En Estados Unidos, la Western Union, que gozaba del monopolio del telégrafo, y la Associated Press, la primera agencia de noticias, se convirtieron enseguida en aliados naturales. Esta alianza influía en los periódicos porque era la AP quien establecía cuáles eran las noticias que había que dar y cuáles no. 

Hoy las cosas no han cambiado mucho, el 90 por ciento de la información que se produce en el mundo está generada desde Estados Unidos y Canadá donde se recopila y selecciona para transmitirlas a medios del mundo entero. «Mejoras radicales en la tecnología de la comunicación han hecho factibles y lucrativos los imperios de medios de comunicación de un modo que era impensable en el pasado»{7}. En el caso europeo, cinco empresas controlan la práctica totalidad de las televisiones terrestres no públicas.


Prensa e ideología
 
Max Horkheimer fija dos etapas del mundo burgués que marcan la instrumentalización ideológica de los medios de comunicación. En una primera fase, la burguesía ascendente difunde unos valores sólidos: religión, patria y familia, y unas virtudes, recogidas por Max Weber en La ética protestante y el espíritu del capitalismo, como el ahorro, la responsabilidad, la decencia, &c. Cuando el desarrollo convierte el comercio en transnacional se pierden las virtudes burguesas para dejar paso al estilo cosmopolita. 

En la segunda fase, de gran expansión del capitalismo, cuando se hace apátrida, todos esos valores y virtudes son trabas de las que hay que librarse para impulsar la tercera ola postindustrial que anunció Toffler. Ya no es tiempo exclusivo de familias poderosas, sino de corporaciones, más o menos, anónimas cuyo único valor es la cuenta de beneficios. El Club de Roma, en 1991, reconocía «una pérdida general de los valores que anteriormente aseguraban la coherencia de la sociedad (...) consecuencia de una pérdida de fe (...) y una pérdida de confianza en el sistema político y en quienes lo dirigen».
 
La moral antigua, nos cuenta Aquilino Duque{8}, salta en pedazos y cede el paso a la sociedad tolerante. La burguesía hizo suyas las modas ideológicas y la indumentaria de la juventud respondona y convirtió sus ritos (conciertos, fiestas...), sus símbolos y su música en artículos de consumo. Recogió la información y la convirtió en publicidad: vaqueros, rebeldía JAP y el Che Guevara. Dice Duque que la gran frustración de la juventud contestataria fue la facilidad con que el mundo adulto dominante en vez de reaccionar contra el asalto, se unía a los asaltantes y la ayudaban a saquear la propia mansión. Y buena parte de esos contestatarios se hicieron periodistas, comunicadores. Ingresaron en el equipo que dirige la indiferencia hacia lo público, cuya expresión política es la abstención electoral masiva.
 
La sociedad represiva se hacia permisiva y en ella se disolvía la revolución que viajaba a lomo de libros y periódicos. La prensa abandona las banderas generales, el fin de las ideologías, y se acomodan más o menos dentro de los extremos aceptables del sistema. Lo nacional se desmorona o se reduce a la mínima expresión. Se multiplican los acuerdos, las asociaciones, los foros mundiales. La nueva moral viaja por todo el mundo y se expresa en las pantallas de los cines y de las televisiones. El fin de la Historia supone el triunfo universal del modelo de sociedad estadounidense. El presidente Wilson sacó a EE.UU. del aislacionismo por el imperativo moral de llevar al mundo la libertad.


Prensa y mundo
 
El modelo social, las pautas de comportamiento vienen decisivamente influidas por la modernidad, en un mundo globalizado cuyas cuatro grandes civilizaciones escapan a los acuerdos y corsés emanados de Potsdam, Yalta y Teherán. El orden nacido de la II Guerra Mundial murió en la última década del siglo XX, junto con la bipolaridad impuesta por la Guerra Fría. Estados Unidos comenzó una guerra imperial en 1898 y cien años después es la potencia militar única. Nuevos desafíos en un mundo nuevo. Si antaño el lado oriental europeo era un bloque sólido, donde se leía Pacto de Varsovia, con creciente influencia en Asia, África e Hispanoamérica, y frente al bloque socialista una miríada de naciones al oeste de Berlín; hoy esas naciones se aúnan bajo el epígrafe Unión Europea y a su oriente un cúmulo de pueblos, eclosión del imperio austrohúngaro primero y del soviético después. Cuestiones como la clonación humana, la hegemonía de una potencia única: Estados Unidos, la redistribución de la riqueza, el auge del integrismo islámico, las señales visibles de la contaminación –el precio del progreso–, el hambre permanente, la mundialización de la información... configuran un nuevo escenario, ¿para que todo siga igual?, en la relación de poder. Ese orden aceptado, que ha superado las tímidas barreras de las naciones para hacerse internacional, ya no lo expresa de forma evidente el monopolio de la violencia, reservada contra quienes viven extra muros del sistema, sino la convicción de la prensa, que mantiene el debate público en los limites aceptables. La modernidad, en palabras de Octavio Paz, se convirtió en una «alcahueta de los medios de comunicación».«La presentación y el acceso a la realidad, tanto pública como cotidiana, es obra de los medios, que desde la agenda setting, es decir la selección de los temas importantes y la jerarquía de los mismos, hasta la producción virtual, reformulan lo real en función de sus intereses, sus usos y sus valores»{9}.


Poder y prensa
 
El poder, para el economista socialdemócrata Joaquín Estefanía, es una conspiración permanente contra el débil. El periodista liberal francés Revel lo denomina «la tragedia de la sumisión del individuo al poder político». El concepto liberal de contrato social se extiende y generaliza. La prensa, como parte de la sociedad, tiene una relación con y ante el poder, entendido como gobierno, al cual controla y vigila, no sólo en sus virtudes públicas sino en los vicios privados de sus componentes. La prensa también forma parte del poder y del juego de los partidos políticos y los grupos económicos. Por ello, el control y vigilancia de la prensa pierden la ecuanimidad informativa. Este juego influye en alianzas donde los medios asumen el papel de voceros de una causa o candidatura.
 
La prensa se desarrolla especialmente en sociedades industriales y con una cierta libertad política. Se mueve hoy como pez en el agua en un mundo globalizado. Los llamados poderes fácticos, Iglesia, Ejército, Banca, han venido siendo el conjunto de instituciones con más fuerza para influir en la política de un Estado. Hoy tendremos que añadirles otros muchos: judicatura, mercado, prensa, sondeos. Según afirma Alain Minc en La borrachera democrática, los tres poderes tradicionales: legislativo, ejecutivo y judicial son sustituidos por una tríada de poderes fácticos: la prensa, los jueces y la opinión pública. Los más poderosos ya no son políticos, sino empresarios, financieros, comunicadores. La tríada de Minc es, en realidad, pareja: la prensa protagoniza la creación, el mantenimiento y evolución de la opinión pública.
 
El secretario general del Partido Comunista Chino recibió más veces a Bill Gates que a Bill Clinton, lo que demuestra cuáles son sus intereses. La prensa también ha convertido a Garzón en un superjuez contra el imperio etarra, de la droga y los dictadores del mundo, que ha llegado a estar propuesto para el Nobel a pesar de no haber pertenecido a un grupo terrorista, como Menahem Begín o Yasser Arafat, ni ser una cuentista como Rigoberta Menchu.
 
Los medios de comunicación –que forman como educación para adultos y entretenimiento– han ido relevando a otros instrumentos caducos de control de masas –represivos por la fuerza– e incluso a gobiernos locales que ya no deciden sobre su destino, muy especialmente desde que a mediados del siglo XX llega la televisión, donde prevalece el hecho de ver sobre el hecho de leer. La película Cortina de humo desvela bastante el funcionamiento del aparato propagandístico audiovisual de la maquinaria norteamericana y su creación de noticias señuelo para desviar la atención de las importantes. Muestra cómo distraer la atención de un escándalo de faldas generando un conflicto en un país lejano. Cuando los gobiernos, las instituciones, las empresas y los políticos empezaron a contratar a periodistas para la tarea de relaciones públicas, desnaturalizaron los objetivos del comunicador y empezaron a corromper periodistas al pervertir sus fines.


Globalización
 
Globalización es la extensión del modo de vida occidental. La ciencia occidental se «convirtió en la ciencia, su medicina en la medicina; su filosofía en la filosofía y desde entonces ese movimiento de concentración no se ha detenido»{10}. Se reconoce la certeza de Peter Durcker cuando habla de «un mundo globalizado, que será un mundo cortado por el patrón occidental»{11}. El sociólogo iraní Ali Shariati destaca como la modernidad, y consiguiente globalización, es sencillamente una velocidad de desarrollo que corresponde a parámetros eurocentristas{12}.
 
Siendo la globalización una etapa histórica, existiendo un mercado único y un discurso único, se trata de buscar la gobernabilidad del capitalismo mundial, tarea donde poseen más poder las máquinas ideológicas, prensa y publicidad, que crean o destruyen consensos, que los clásicos aparatos coaccionadores: policía, ejército. Es más barato convencer que reprimir y los medios que vehiculizan el consumo, por la publicidad, son ideales para crear estados de opinión determinados por la propaganda. «Las redes y los procesos de comunicación y cultura son cada vez más globales»{13}.
 
Incluso el movimiento antiglobalización supone la antítesis perfecta para hacer de la mundialización una dialéctica. A la postre, muchas asociaciones y grupos que conforman el entramado de ese movimiento rebelde, que ha recuperado la política radical para los jóvenes, viven y se desplazan con subvenciones estatales de departamentos de cultura, juventud, mujer y ayuntamientos. De forma irónica, la respuesta de los antiglobalizadores también es global.
 
La globalización implica nuevos protagonismos y la reducción de otros a metáforas del poder clásico. Y el proceso no se limita a las fronteras nacionales. Los nuevos protagonistas transcienden en poder e influencia allende los mares. Matahir Mohammad, primer ministro de Malasia en 1997, afirmaba: «Hemos estado trabajando 30 ó 40 años intentando levantar nuestras economías. Y ahora viene un tipo –se refiere a G. Soros– que dispone de miles de millones de dólares y en un par de semanas deshace nuestro trabajo». La economía financiera ha sustituido a la real. La información pasa a ser un útil de trabajo y una mercancía. Tienen más poder los gerentes de los fondos de pensiones que deciden abandonar un país y limpiarlo de capitales que los diputados del partido que gobierna en ese país. «La mundialización, que elimina fronteras, homogeneiza culturas y reduce las diferencias, se aviene mal con la identidad y soberanía de los estados»{14}.
 
El liberalismo económico se ha quedado con el poder ocultando su existencia y para ello necesita los medios de comunicación. Ya no es el carro de combate ni el soldado quienes expresan el orden, son los medios. «La globalización de la cultura y la información es un componente fundamental que subyace a todas las otras dimensiones institucionales de la globalización»{15}.
 
Dice Estefanía que caen en decadencia los poderes basados en la propiedad (poder compensatorio: sumisión a cambio de algo) y también el poder condigno (carismático) en beneficio del poder derivado de la corporación. Se reduce el poder del hombre poderoso y del capitalista, menos ciudadanos Kane, en beneficio de la tecnoestructura de las organizaciones, hacer anónima la propiedad. «Hoy es peligroso aparecer como demasiado ávido de poder, decir abiertamente lo que se va a hacer para obtenerlo. Tenemos que parecer justos y decentes» (Estefanía 2000). Sin embargo, casos como el de Jesús Polanco, Pedro José Ramírez, &c. no parecen darle la razón.
 
Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, ve el poder como una red, ya no es autoritario en las formas, sino que utiliza los mecanismos de la manipulación para ejercer el poder de forma consensuada. La globalización varía el poder, que pasa de jerárquico y piramidal a horizontal y en forma de red. Las estructuras multinacionales del poder se hacen extensas y repartidas en múltiples nudos, lo que no anula la existencia de una elite directora aunque no sea visible.
 
Tras la mística del mercado y la soberanía del consumo está el poder de las corporaciones, que determina e influyen en los precios y los costes, que corrompen a algunos políticos y que manipulan la respuesta del consumidor. Los hombres con dinero pueden comprar a los hombres con poder dentro de la tendencia permanente de la economía a colonizar la política, también la imagen.
Jesús Cacho cuenta que «a los March o al BBV podía no importarles demasiado perder 10 mil millones por barba al año, porque ese era el precio de los seguros Polanco». El mismo «March que el día de la celebración de su cincuenta cumpleaños, en su impresionante finca de la sierra sevillana, pronunció un emotivo brindis ante más de cien invitados en el cual mencionó a su hermano, a su padre, ya fallecido, a su madre, allí presente, y a Jesús Polanco, mi mejor amigo, a quien tanto debo». Es un acto de vasallaje, una gabela que se paga desde el poder financiero, la primera fortuna de España, ante el poder mediático, el primer poder del mundo. Ya no es el director-editor quien acude al banco a pedir un crédito. Los bancos rinden pleitesía al poder de los medios. No sólo éstos. «La televisión se ha convertido en la mayor fuente de noticias internacionales para la mayoría de la población»{16}. Las secciones de televisión de la agencia Reuter y de Associated Press se encargan de la mayor parte de la cobertura televisiva mundial.


Prensa como mercancía
Pocas industrias han tenido la concentración de los medios de comunicación. «El mercado global de medios ha llegado a estar dominado en breve tiempo por las siguientes corporaciones transnacionales: General Electric (propietaria de NBC), AT&T/Liberty Media, AOL-Time Warner, Sony, News Corporation, Viacom, Vivendi y Bertelsmann. Ninguna de estas compañías existía en su forma actual, como compañías de medio de comunicación, hace sólo quince años».{17} 

 El interés de las finanzas por la comunicación va en aumento a medida que se opta por una sociedad donde el orden está consensuado y no impuesto de forma expresa.
 
La prensa es una doble mercancía que se vende en dos direcciones. Por un lado, capta público con su producto y, por otro, vende esas audiencias a los anunciantes. Al común se vende un producto, la información, enseñar más allá del horizonte, detrás de los muros, incluso dentro de los cráneos. Y el público definido que generan tales ventas se ofrece a los anunciantes por su nivel adquisitivo, hábitos de consumo, &c. Ese es el negocio financiero mientras la información forma parte de la influencia política, social y de hábitos de consumo. Noam Chomsky afirma: «El producto son las audiencias. No ganan dinero cuando compras el periódico. Están contentos poniéndolo gratis en la red. De hecho, pierden dinero cuando compras el periódico. Pero la audiencia es el producto. El producto es gente privilegiada, justo la misma gente que está escribiendo esos periódicos, ya sabes, la gente que toma las decisiones de alto nivel en esta sociedad. Tienes que vender un producto a un mercado, y el mercado es, por supuesto, los anunciantes (es decir, otras grandes empresas). Sea televisión o periódicos o lo que sea, están vendiendo audiencias. Grandes empresas que venden audiencias a otras grandes empresas». La prensa es la única factoría que vende su producto por debajo de los gastos de producción, como es el caso de la prensa impresa, o lo regala, como hacen muchas cadenas de televisión. Los beneficios e ingresos reales de las editoras mediáticas proceden de la publicidad y no de las ventas.
 
El mercado se convierte en el gran regulador de la vida económica, mejor cuanto menos intervenido esté por el gobierno, dicen los anarcoliberales: las cosas tienden a encontrar el equilibrio por sí mismas; el egoísmo sin trabas de cada individuo, vicio privado, se convierte en el bien común, virtud pública. Asegura Estefanía: «La mercadolatría es una especie de metafísica económica que absolutiza el mercado como panacea de todos los problemas». Los mercados financieros son la realidad económica dominante, el lugar donde se asigna el valor de compra. La globalización es, sobre todo, financiera. De las tres libertades europeas de circulación: personas, mercancías y capitales sólo la tercera no encuentra trabas. Se añade una cuarta de hecho, que es la libertad de ondas e información para quienes pueden financiar su distribución masiva.
Los medios se legitiman en que funcionan de abajo hacia arriba transmitiendo las demandas sociales y al revés llevando la respuesta del poder y la publicidad. La información, y la presentación que facilita el efecto buscado en el público, se convierte en algo que incorpora valor, el descubrimiento de la información como mercancía cuya venta y difusión proporcionan importantes beneficios, en ingresos tanto como en otras rentabilidades de influencia. 

Lo que no publica el New York Times no ha sucedido. La prensa llega a ser notario de la realidad, dice qué ha pasado, cómo y porqué. Sucede cuanto dice que pasa, como y cuando. Su paroxismo son los 5 minutos de gloria en televisión que definió Andy Warhol como deseo de los extras de la vida, del ciudadano anónimo ante un mundo audiovisual que ha sustituido su vida por la visión de otras vidas más interesantes. Al respecto, Arturo Robsy destaca que el 80 por ciento de la realidad la adquirimos por medio de la televisión, que nos discrimina entre lo bueno y lo malo.
Anthony Giddens, asesor de Tony Blair, afirma: «Los acontecimientos de 1989 en Europa del Este no se habrían desarrollado del modo que lo hicieron sino hubiera sido por la televisión»{18}.
 
Éticamente el valor de las informaciones va asociado a diversos parámetros, en particular al de la verdad. Hoy, el precio de la información depende de la demanda, del interés que suscita y este interés puede crearse por medio de la publicidad. Lo que prima es la venta, la audiencia, los baremos que mueven las cuentas de la publicidad, pública y privada, de un medio a otro. Una información será juzgada sin valor si no consigue interesar al publico ni a las cuentas publicitarias.
 
Desde que está considerada como una mercancía, la información ha dejado de verse estrictamente sometida a los criterios tradicionales de verificación y autenticidad. Ahora se rige por las leyes del mercado como viene sucediendo en Europa occidental con la información sobre las vidas hogareñas de grupos de desconocidos, más extras de la vida que se convierten en primas donnas. Entre los grupos mediáticos esa realidad es más intensa que la natural.
 
La televisión, como dijimos, es la principal fuente de noticias internacionales para la mayoría de la población. Los estudios profundos y meditados aparecidos en las revistas sabias de mínima difusión no compiten en lo más mínimo con las impresiones producidas en las campañas de los medios de comunicación, con protagonismo de los visuales: cine, televisión, la red. La única fórmula que encuentran quienes disponen de medios financieros es comprar medios de comunicación y empresas de sondeos, controlar críticas y orientar opiniones.
 
El caso del niño balsero Elián o el hundimiento del Kurks desplazaron, en el verano de 2001, de las primeras planas a otras informaciones menos emotivas pero que envuelven la vida de millones de personas cuyas imágenes no estuvieron en las pantallas, no tienen existencia mediática. La sociedad se mueve cada vez más dependiente de la versión dada a una historia imaginada, pero que salió en televisión. Vivimos un mundo paradójico. El periodismo ha perdido su carácter de contrapoder, sufre la metamorfosis de Kafka, y se convierte en un poder más del sistema por su capacidad de influencia. Los medios se han demostrado repetidamente capaces de generar opinión que den la victoria electoral a alternativas políticas instantáneas como demostró Beslusconi en Italia o las diversas aventuras del magnate Murdoch. En España es Jesús Polanco, a quien Jesús Cacho retrata en El negocio de la libertad. En 2002, el conocido periodista Luis del Olmo hablaba, en su programa itinerante, con la pared cubierta por una foto enorme de sí mismo.
 
Los gestores de los grandes medios comparten residencia con los privilegiados, gozan junto al poder de una satisfacción contigua y se acomodan de modo similar a las ideas económicas y políticas del momento. Quizás hasta cae un título. «Un enorme porcentaje del gasto global en publicidad, tres cuartas partes del mismo, acaba en el bolsillo de tan sólo veinte empresas de medios de comunicación»{19}.
 
Los periodistas idealistas, dulces soñadores con su búsqueda de la verdad que antes dirigían periódicos, han sido reemplazados, a menudo en la cabeza de las empresas, por hombres de negocios que se mueven por porcentajes e incremento de beneficios. Incluso los mismos medios, de conocida voracidad financiera, recurren a los grandes préstamos en cifras que dejan en pañales los fichajes de futbolistas, nuevos ganchos de la publicidad. «Los imperativos comerciales se han endurecido en unas pocas décadas y el equilibrio entre la responsabilidad pública y el proyecto privado se ha ido inclinando sin cesar a favor de éste»{20}
                                         Gustavo Morales

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