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viernes, 31 de octubre de 2014

SANSÓN DE EXTREMADURA




El gigante extremeño que usó el «Gran Capitán» para atemorizar a los franceses
El conocido como el «Sansón de Extremadura» era célebre por su habilidad con las armas y su extraordinaria fuerza física. En tiempos de Carlos V, gran admirador del legendario guerrero, fue nombrado Caballero de la Espuela Dorada
Todos los imperios necesitan héroes propios, y España no fue una excepción. Cuando la unión de los reinos hispánicos dio origen al imperio militar que disputó la hegemonía de Europa en los siglos XVI y XVII, los españoles se percataron de que los personajes clásicos, sobre todo griegos y romanos, ya no servían para hablar de la heroicidad y el sacrificio. Se necesitaban urgentemente héroes nacionales. Fue así como a finales del siglo XV se impuso en el imaginario colectivo una generación de personajes heroicos a medio camino entre la historia y la leyenda. Una muestra de esta hornada de héroes modernos es Diego García de Paredes, «el Sansón extremeño», así como el hombre al que siguió con devoción en sus campañas, Gonzalo Fernández de Córdoba, el «Gran Capitán».
Diego García de Paredes nació en Trujillo en torno al año 1468. Y poco se sabe de su infancia y juventud más allá de que aprendió a escribir y leer, pese a que ya entonces se inclinaba claramente por el oficio de las armas. Los historiadores no se ponen de acuerdo en sí participó o no en la Guerra de Granada, que terminó con la rendición final de 1492. Pero de lo que no cabe duda es que en 1496, tras el fallecimiento en Trujillo de su madre, Diego García de Paredes ya se encontraba en Italia buscando fortuna como soldado. En ese momento,Gonzalo Fernández de Córdoba combatía en Nápoles contra las ambiciones francesas de anexionarse este reino, tradicionalmente bajo la esfera de Aragón. Sin embargo, la actividad militar estaba parada a la llegada de García de Paredes, quien decidió desplazarse a Roma para ofrecerse como guardia del Papa Alejandro VI, de origen español.
Según relata Antonio Rodríguez Villa en «Crónicas del Gran Capitán», el Papa accedió a contratar al extremeño tras presenciar por casualidad como Diego García de Paredes se impuso en una disputa callejera contra un grupo de más de veinte italianos. Armado solamente con una barra de hierro, el soldado español destrozó a todos sus rivales, que habían echado mano de las espadas, «matando cinco, hiriendo a diez, y dejando a los demás bien maltratados y fuera de combate».Alejandro VI, asombrado por la fuerza del extremeño, le nombró miembro de su escolta.
Nace la leyenda hercúlea en Cefalonia
Bien puede tratarse de una exageración de lo que realmente ocurrió, como la mayoría de sus hazañas, pero lo cierto es que Diego García de Paredes adquirió rápidamente gran fama como espadachín en Italia. Tras matar durante un duelo a un capitán italiano de la confianza de los Borgia, el extremeño pasó a los servicios del Duque de Urbino, una de las familias rivales del Pontífice. No en vano, su tiempo como soldado a sueldo quedó aparcado cuando el «Gran Capitán» reclamó hombres para recuperar Cefalonia, una ciudad de Grecia que había sido arrebatada por los turcos a la República de Venecia. Durante el interminable asedio a esta localidad, los turcos usaron un garfio para elevar a Diego García al interior de su muralla. Una práctica muy habitual en los asedios de la época, que era posible gracias a una máquina provista de garfios que los españoles llamaban «lobos», con los cuales aferraban a los soldados por la armadura y los lanzaban contra la muralla.
El «gigante extremeño» consiguió zafarse de las ataduras en lo alto de la fortificación y resistió el ataque de los otomanos durante tres días, donde a cada instante «parecía que le aumentaba las fuerzas con la dificultad». Una vez reducido, los turcos respetaron la vida del extremeño con la intención de usarlo para el intercambio de prisioneros. No en vano, el soldado español escapó por su propio pie y se unió al combate, poco antes de la rendición turca. Fue aquella gesta el origen de su leyenda y cuando comenzó a ser conocido como, entre otros apodos, «el Sansón de Extremadura», «el gigante de fuerzas bíblicas» y «El Hércules de España».
Ya convertido en un mito andante, Diego García se reincorporó a los ejércitos del Papa a principios de 1501. César Borgia tenía puestos los ojos en la Romaña y permitió que las ofensas pasadas quedaran olvidadas. El hijo de Alejandro VI le nombró coronel en el ejército que participó en las tomas de RíminiFosara y Faenza. Pero tampoco duró mucho esta nueva asociación con los Borgia, puesto que ese mismo año acudió a la llamada del «Gran Capitán» para luchar en Nápoles.
Se presumía, por las tropas y recursos invertidos, que quien venciera en esta ocasión se haría definitivamente con el reino italiano. El «Gran Capitán» se valió de la fama ganada por «el Sansón de Extremadura» para combatir a los franceses, quienes le «temían por hazañas y grandes cosas que hacía y acometía». Y de nuevo, es difícil estimar cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en los episodios bélicos que supuestamente protagonizó García de Paredes. Así, aunque está confirmada su participación en las batallas de Ceriñola y de Garellano en 1503, más cuestionable es el relato sobre una escaramuza previa a esta segunda batalla donde el extremeño, contrariado con una decisión táctica del Fernández González de Córdoba, se dirigió en solitario hacia las tropas francesas y causó cerca de 500 muertos.«Túvose por género de milagro, que siendo tantos los golpes que dieron en Diego García de Paredes los enemigos... saliese sin lesión», explica una de las crónicas.
De pirata a Caballero de la Espuela Dorada
Tras el final de la guerra en Italia en 1504, Nápoles pasó a la Corona de España y el «Gran Capitán» gobernó el reino napolitano como virrey con amplios poderes. Como agradecimiento a sus servicios, Gonzalo Fernández de Córdoba nombró a Diego García de Paredes marqués de Colonnetta (Italia). Sin embargo, cuando el «Gran Capitán» cayó en desgracia, la defensa que hizo «el Sansón de Extremadura» de su antiguo general le costó la pérdida del marquesado de Colonnetta y forzó un exilio voluntario de la corte. Durante años, el soldado extremeño se dedicó a la piratería en el Mediterráneo, teniendo como presas favoritas a los barcos berberiscos y franceses.
En 1508, Diego García de Paredes recuperó el favor real y se unió a la campaña española para conquistar el norte de África. Durante estos años Paredes participó en el asedio de Orán, fue maestre de campo de la infantería española que el emperador de Alemania usó para atacar a la República de Venecia, y sirvió como coronel de la Liga Santa al servicio del Papa Julio II en la batalla de Rávena, entre un sinfín de gestas militares.
Con la irrupción de Carlos V en España, gran admirador de su leyenda, el extremeño acompañó al emperador por Europa, quien le nombróCaballero de la Espuela Dorada, sirviendo a este en Alemania, Flandes, Austria y en todos los conflictos acontecidos en España, desdela Guerra de los Comuneros a la conquista de Navarra. En 1533, tras regresar con Carlos V de hacer frente a los turcos en el Danubio, Diego García de Paredes falleció por las heridas sufridas durante un accidente a caballo cuando jugaba con unos niños a tirar con la lanza unos palos en la pared. Lo que no habían conseguido quince batallas campales y diecisiete asedios, lo alcanzó un juego infantil: matar al gigante.+
El «Desafío de Barletta»: o victoria o nada

Uno de los episodios que alimentó la comparación con Sansón, el famoso héroe de tradición hebrea, tuvo lugar en septiembre de 1502. Durante un periodo de distensión en las hostilidades, los generales de Francia y España accedieron a celebrar un torneo caballeresco que enfrentó a once caballeros franceses contra once españoles conocido como el «Desafío de Barletta». Esta clase de actos, típicos de la época, servían para mantener la disposición bélica en forma y para entretener a las tropas. Diego García de Paredes, pese a estar convaleciente de unas heridas, fue designado por el «Gran Capitán» para liderar a los españoles.

jueves, 30 de octubre de 2014

EL MUNDO TRANSFORMADO



Agitprop: agitación y propaganda

Hubo un tiempo en que la gente empezó a desconfiar de las palabras. Pongamos hacia 1930. Pensaban que o bien eran insuficientes o bien eran excesivas, que tendían al escamoteo burgués o al mesianismo teológico revolucionario. Las consideraban, también, un viejo resabio que apestaba a siglo XIX. Les parecían muy largas. 

Veamos éstas: agitación y propaganda. Quedó en una: agitprop. La usaron todos los gobiernos autoritarios de entonces. Por otro lado nadie le temía a la modernidad: quien más quien menos había probado el gas mostaza y pasado por las trincheras de Verdún.Haber salido indemnes de aquel horror entusiasmó a muchos. La euforia, en el caso alemán, alcanzó cotas altísimas, disfrazada pese a todo con la vieja máscara decimonónica del honor y el heroísmo que les ayudaba a ocultar y sobrellevar la derrota. 
Coincidió tal descrédito palabrista con la irrupción de la imagen fotográfica en la prensa de Europa y América. Los lectores enloquecieron. Devoraban periódicos, revistas, semanarios, las cubiertas de los libros se llenaron de fotomontajes al servicio de una idea, la propaganda de masas se volcó en las nuevas técnicas de la imagen y todo se hizo en medio de un paroxismo impar, acaso como sólo volvería a suceder setenta años después, con la aparición de Internet.
La inmediatez temporal que hoy nos fascina fue, hacia 1930, preludiada por la inmediatez espacial: la fotografía simultaneaba la realidad, sin intermediarios, y los lectores, habituados a dedicar a la lectura de los periódicos horas, aprendieron a leer imágenes de países remotos en un segundo. Usando una metáfora cruel, diríamos que tenían prisa para destruirse, porque en buena medida la lectura errónea de muchas de esas imágenes llevó a las masas a ilusiones engañosas o a odios irreversibles. Filósofos como Benjamin, publicistas y agitadores como Heartfield o estetas como Renger-Patzsch comprendieron el papel que iba a jugar la fotografía en los nuevos Estados, y decidieron estudiarla y servirse de ella. En ese clima han de entenderse estos dos fotolibros que cuidó y prologó el soldado condecorado en la primera gran guerra, el entomólogo capaz de ponerse en el lugar del escarabajo, el diarista menos interesado en el yo de todo el siglo XX, el ensayista brillante de los relojes de arena y del dolor o de las formas de la moral en una sociedad sin ella, el frío y siempre desconcertante Ernst Jünger.
Su edición en castellano, escrupulosa y cuidada hasta los mínimos detalles arqueológicos, será tanto una fuente inagotable de fascinación como un modo de activismo en la conciencia política, estimulada en este caso por el sobresaliente y largo ensayo del filósofo Nicolás Sánchez Durá que sirve de prólogo. Pero antes digamos de qué tratan los libros, qué son, cómo se publicaron y para qué. Los libros son dos,El instante peligroso y El mundo transformado, uno de 1931 y el otro de 1933, ambos, conviene recordarlo, de antes de la llegada al poder del Partido Nacional Socialista. Y conviene recordarlo porque viendo las imágenes uno puede llegar a conclusiones contradictorias; para unos son libros que anuncian el ascenso del nazismo, otros verán en ellos una advertencia, y otros, en fin, podrían creer que Jünger lo está propiciando. Sánchez Durá nos recuerda que nadie vio con mayor y más heladora clarividencia que Jünger el incendio que se avecinaba, pero nadie acaso contribuyó tanto como él a provocarlo con su lenguaje heroico.
¿Y de qué tratan los libros
Jünger ha reunido un centón de imágenes, proceden de periódicos, recortes, carteles, libros... Las ha mezclado, en algunos casos sin otra mediación que la muda oportunidad; en otros, se ayuda con pequeñas frases, a modo de muestras y marbetes, de ayudas mayéuticas. Los hechos, parece decirnos, por sí solos son suficientes. Creían que una imagen valía más que mil palabras. Pero dentro de la sociedad alemana hubo quien advirtió el peligro. "La fotografía se ha convertido, en manos de la burguesía, en un arma terrible contra la verdad. El inmenso material fotográfico que escupen a diario las prensas de las imprentas y que tiene la apariencia de la verdad, no sirve en realidad más que para disimular los hechos (...) la máquina del fotógrafo puede mentir tan bien como la linotipia", dirá entonces Bertolt Brecht, quien hubiera podido aplicar la frase, con Benjamin, al proletariado y al Estado soviético, que por esos años tenía destinado un batallón de esbirros borrando personajes incómodos de las fotos históricas de la revolución o maquillando a su amado Josif Stalin para que saliera más guapo. 

Por ello insiste Jünger y su editor en que esos libros han de ser "poco sentimentales y poco literarios". Las fotografías hablarán por sí solas, sin dejarse llevar, sin la debilidad del sentimiento y sin el espejismo de la novelería. ¿Y cómo son esas fotos? Sabemos que a Jünger no le interesa la fotografía ni como género ni como objeto. Jünger no habla de arte, ni siquiera de publirreportaje. Son, la mayor parte, fotos anodinas que seguramente habrían pasado inadvertidas para sus paisanos de no ponérselas delante, esa suerte de fotos que decoran, envolviéndolo, el bocadillo de la clase obrera. Pero de esa clase quiere hablar Jünger, de ella hablan todos en ese momento en Europa, y especialmente en Alemania. La única manera de preparar un discurso, pues, es con el conjunto de fotos. La fascinación procede de la saturación. Las fotografías de Jünger así actúan, juntas, fotos de consejos obreros, de ministros, de consumo, de agitación y propaganda, de la mecanización y deshumanización de las ciudades, de colectivizaciones, de torturas, muertes y atentados, de la guerra como noción de culto y como noción de técnica. Esto en el libro que lleva por título El mundo transformado.
El instante peligroso es un libro diferente. Uno es una visión de la sociedad de su tiempo. El otro es un concierto de instantáneas sobre esa cúspide en que se dan cita el amor y la muerte, el placer y la tortura, el miedo y la audacia. Cómo se comporta el hombre en situaciones límite. Digamos que podría haberlo subtitulado: cóctel de adrenalina y heroísmos. El libro, que se intercala con algunos relatos menos relevantes desde el punto de vista literario que interesantes desde el punto de vista testimonial, van precedidos de un breve escrito de Jünger. Dice éste: "El corazón humano necesita tanto la seguridad como el peligro". Encara esta frase la búsqueda del conocimiento tanto como de los límites que ponen a prueba a los fuertes. Digámoslo abiertamente: la guerra como motor de la historia o padre de ella.

"En este sentido, la guerra mundial se manifiesta como el gran vagón de cola de la época burguesa, cuyo espíritu creía poder explicar o, mejor dicho, atenuar el júbilo de los voluntarios (...) Y este júbilo era, en el fondo, una protesta revolucionaria contra la escala de valores del mundo burgués: era el reconocimiento del destino entendido como la expresión del más alto de todos los poderes. En él se llevó a cabo la transmutación de todos los valores que ya habían profetizado los espíritus más sublimes: a una época que intentaba subordinar el destino a la razón, le sigue otra que considera que la razón está al servicio del destino".
En esta atribución audaz e in-teresada de la razón como facultad exclusiva del pensar burgués y del destino-peligro como manifestación de la nueva clase revolucionaria han de entenderse estos dos fotolibros y el pensar jüngeriano, que le llevó a buscar una fórmula intermedia que fraguaría en la revolución conservadora, una especie de helado con chocolate hirviendo. Y ése era el propósito político y filosófico de estos dos libros, persuadir al pueblo alemán de que aún era posible la épica y sacudirse el yugo del tratado de Versalles, sin caer en manos del bolchevismo.

El ensayo de Sánchez Durá nos irá desmenuzando la complejidad del pensamiento político en la época y el valor que en ese pensamiento tuvo la actitud de Jünger, quien acabó poniéndose a las órdenes del Gobierno nazi, cierto que después de haber renunciado a entrar en el partido y en el Parlamento. Pero una cosa es cómo vieron o pudieron leer los alemanes tales libros y otra, bien diferente, cómo los leemos hoy. Hemos aludido al vigor incontestable de algunas de esas imágenes. Pero no dejan de ser fotografías. Han pasado ochenta años. Las fotos también amarillean y acaso lo que de ellas nos interesa ahora, junto a su núcleo filosófico y su poder de agitación y propaganda, sea su misteriosa seducción. Deberían servirnos para repensar el futuro, pero al fin y al cabo no dejan de ser el tiempo ido. Es decir, que en cierto modo han acabado convirtiéndose en aquello de lo que huían. Pues en muchas de ellas lo que nos fascina equivale a lo que nos aterra e inquieta profundamente de ellas, esa sustancia sentimental y, sí, muy, muy literaria.
Fuente                                      Andrés Trapiello
Leer+ El mundo transformado (PDF)

miércoles, 29 de octubre de 2014

EL IMAGINARIO QUE NOS GOBIERNA



La verdadera revolución de hoy no está con los que blasonan de radicales sino en los que critican los cimientos de la ideología dominante.

La cadena de televisión TV3 ha regalado al Papa Francisco una copia de la película Minorías absolutas, que narra la vida del obispo brasileño Pere Casaldáliga -conocido durante décadas por Pedro Casaldáliga-, en su lucha por los derechos de los indígenas del Mato Grosso.

No discuto la lamentable situación de los citados indígenas y tampoco su necesidad de valedores ante la voracidad del capitalismo. Pero también recuerdo una vieja fotografía del obispo, allá por los años 70, en el altar de la Catedral de Sao Paulo -creo- empuñando un fusil y rodeado de un montón de puños amenazadores y de armas en alto. El problema de tales ímpetus era que no respondían a la necesidad de recuperar un espacio de oración o a la defensa de la fe de una comunidad, como ha sido habitual en el catolicismo, sino a propósitos de mero cambio social de acuerdo, y esto es lo más chocante, con un análisis puramente marxista.

¿Había alternativas? Claro. Pero el marxismo, por entonces metamorfoseado en "teología de la liberación", jamás las hubiera admitido. Las razones de un contexto social son siempre históricas en el marxismo. De ahí que éste eche mano para explicar cualquier problemática de una cierta concatenación de acontecimientos históricos -no importa si prescinde de hechos "incómodos" que no se pliegan a la conclusión- que dan necesariamente éste, y no aquél, resultado.

Algo parecido sucede con la denominada "ideología de género", verdadero bastión del feminismo parapolicial. Que existe violencia doméstica creciente nadie lo discute: padres contra hijos e hijos contra padres, hombres contra mujeres y mujeres contra hombres. Por último, lamentablemente, la violencia contra los ancianos. Pero de entre toda esta espiral de la violencia doméstica solo es ideológicamente explicable la que se ejerce contra la mujer y de ahí que el lenguaje -incluso el lenguaje supuestamente informativo- singularice la violencia contra la mujer mediante el calificativo de "violencia machista".

Se apostilla desde lo ideológico un único tipo de violencia doméstica porque ésta, y no las demás, cuadran en el esquema mental feminista. Esto es: no se trata de que el caos social provocado por el nihilismo y el relativismo hayan desatado la violencia del fuerte contra el débil. No es que haga daño el que puede. Más bien, dice el dogma feminista de entronque esencialmente marxista, el sexo masculino ha ejercido históricamente una posición de dominio sobre el sexo femenino.

De aquí que los partidos de "izquierda" o "progresistas" hagan leyes en defensa de "la mujer" o en favor de la "igualdad de género", pero no haya leyes específicas para, por ejemplo, proteger a los ancianos. De aquí también que, al existir un error de diagnóstico en la raíz misma del problema que se quiere abordar, se fracase a la hora de atajar la violencia doméstica en aumento, aunque en los medios solo aparezca la denominada "violencia de género".

En resumen, la violencia que no es de un hombre contra una mujer no se ajusta a los cánones ideológicos del "género" y, al menos en cierto modo, resulta irrelevante. Nuevamente, el feminismo se justifica en un subconjunto de ideas, prescindiendo de los que no le interesa. El caso de la "teología de la liberación" y el caso de la "violencia de género", tienen en común el hecho de instrumentalizar la historia en su propio beneficio. Ambas dejan fuera aquello que no les interesa.

En el primer asunto, se prescinde, por ejemplo, de la alternativa identitaria para los indígenas que excluye cualquier intento de imposición de la lógica capitalista del mercado global y de explotación.

En el segundo asunto, se escamotea el rearme moral y el valor trascendente de la persona como medio de impedir toda amenaza a su vida y a su dignidad. La primera perspectiva es ideología y distorsión; la segunda, en cambio, es aprehensión de la realidad en su conexión, que diría Julián Marías. Sin embargo, por desgracia, día tras días contemplamos como en medios, ya sean de izquierdas o de derechas -es decir, liberal-capitalistas-, son los mismos agentes políticos e ideológicos quienes determinan previamente los supuestos del debate.

Ellos hacen imposible llegar a cualquier otra conclusión, pese al hecho evidente de que muchos elementos de valoración permanecen al margen de la discusión racional. Hacen uso de un "imaginario", en el peor de los sentidos del término: la construcción artificial, la elaboración, que una mente humana hace de un problema que es, en realidad, de manera muy diferente. Aunque ese "imaginario" constituya de por sí la esencia de mil fracasos, no por eso deja de ser determinante en la praxis del día a día.

Actualmente, el "imaginario" que llamamos "progresista" o "de izquierdas" no es demasiado diferente del que impone el capitalismo, aunque sus conclusiones puedan ser diferentes. Ejerce una dictadura opresiva en la prensa, en el medio académico y en la política, donde incluso ha impuesto al Estado leyes para aniquilar a los contraopinantes. Por todo ello es necesario discrepar, cuestionar y poner en duda todo aquello que los que mandan dan por supuesto.

La verdadera revolución de nuestro tiempo no está en los que blasonan de radicales sino en los que con audacia se atreven a criticar los cimientos de una dictadura como jamás el mundo haya conocido.



Fuente                                  Eduardo Arroyo
elsemanaldigital

martes, 28 de octubre de 2014

L´ARMA PIÚ FORTE



La película del actor que más mandó. Mussolini al desnudo

¿Un presidente del Gobierno, actor en una película? Desde luego, no va a ser Mariano Rajoy. Pero tampoco un actor convertido como Ronald Reagan, sino una sorpresa escandalosa.

Hombre moderno de su tiempo, se sabía que le gustaba el cine y que le apasionó la llegada del sonoro, y después los balbuceos del color y de la misma televisión. Su hijo Vittorio fue director de Cinema, el quincenal de cine que más incisivo era con el régimen y donde cupieron todos los autores y actores (relativamente) críticos con las películas oficiales y oficiosas. En los actos públicos, actuaba él mismo para las cámaras a su modo, y en sus años de gobierno se construyeron los grandes estudios en la capital y salas de proyección en todo el país. Le encantaba Greta Garbo y a la vez Charles Chaplin. Una vez por semana, había sesión de cine en familia en la sala Villa Torlonia, y prefería películas cómicas después de los noticieros. Aunque no se suele recordar esta faceta, ni otras, todo esto era conocido; pero lo que acaba de hacer el Museo de Arte Moderno de Nueva York va mucho más allá y traerá consecuencias.

Un judío polaco que empezaba entonces a utilizar el seudónimo de Samuel Goldwyn dirigió una superproducción en la misma Roma en 1923. La película,The Eternal City, en parte de amor, en parte de aventuras y de historia, contó junto a Goldwyn con George Fitzmaurice, Barbara La Marr, Lionel Barrymore, Bert Lytell, Montague Love Richard Bennett, además de miles de extras, comparsas y figurantes. Cine mudo, es verdad, pero una producción extraordinaria y más para aquellos tiempos. Pero lo más extraordinario es que miles de fascistas actuaban de sí mismos desfilando por las calles de la capital italiana, y que el presidente del Gobierno entonces constitucional, el Duce Benito Mussolini, tuvo un papel protagonista como actor –representándose a sí mismo, también- en La Ciudad Eterna.

Giuliana Musci acaba de descubrir unos minutos de la película en los archivos del Museo de Arte Moderno de Nueva York. Aunque fue rodada en la capital italiana un año después de la Marcha sobre Roma que llevó al poder a Mussolini, casi no se recordaba The Eternal City y por supuesto se daba por perdida y olvidada. Sin embargo, 28 minutos se han proyectado este otoño en el Festival de Cine Mudo de Podernone (Véneto). Aunque la frase es de algunos años después, parece claro que ya entonces Mussolini intuía que "el cine es el arma más fuerte" .

En la película, junto a una historia de amor, los fascistas son los "buenos" y es su líder, literalmente, quien interviene salvando al protagonista. The Eternal City fue un éxito en 1923 en las comunidades ítaloamericanas, que aclamaron al presidente de su país y al movimiento que había impedido el triunfo en Italia de sus enemigos. En vez de un aburrido dossier intelectual, Mussolini se sirvió de la técnica de Hollywood, de las ganas de ganar dinero de sus empresas y del sentido de la imagen y del espectáculo del fascismo en general y suyo en
particular para crear un instrumento de propaganda moderno, eficaz y arrollador. Contar su versión, hacerla atractiva y hasta conseguir que sus destinatarios pagasen por verle. 


¿Alguien imagina hoy a un presidente del Gobierno haciendo algo similar?

Mussolini, quizá por su experiencia directa en el cine o quizá sólo por su intuición propagandística, sabía algo que los regímenes clericales nunca entendieron pero sí el soviético… que el cine, como las demás artes, no puede ser aburrido, que por mucho que quiera transmitir ciertas ideas y valores, ha de entretener, ser divertido, hacer amena la vida del público. Y entonces era "el arma más fuerte"; hoy hay otras junto a él, pero el problema para los políticos sigue siendo el mismo: mirar hacia sí mismos o mirar hacia su público.

Fuente                                                   Pascual Tamburri

elsemanaldigital

lunes, 27 de octubre de 2014

LA TIRANÍA DE OCCIDENTE




"Rusia está dando una lección al combatir la hegemonía del Occidente"

España, igual que Rusia, tiene que luchar contra la tiranía de Occidente, y "será tanto más libre cuanto menos europea sea", afirma el premiado escritor español, novelista y articulista Juan Manuel de Prada, en exclusiva para RT.

La democracia en Europa está vacía y los ciudadanos de Occidente están cada vez más idiotizados bajo los poderes tiránicos del mundo, opina el escritor español. "Hoy en día hay una amalgama de poder supranacional que tiene cada vez mayor control sobre los seres humanos, nos controlan estas fuerzas sin que nos demos cuenta", ha dicho Juan Manuel de Prada en su entrevista a RT. Según sus afirmaciones estos poderes son los Gobiernos de Occidente tiránicos e incontrolables. 


"Los ricos vuelven a tener más dinero, mientras los pobres vuelven a tener menos dinero. Se están bajando los sueldos de nuevo para que se reactive la economía"

De Prada afirma también que de momento las palabras 'democracia' y 'libertad' no tienen sentido, ya que las usan estos mismos poderes mundiales que quieren "hacer gárgaras con estas palabras tan elevadas". Según el escritor, no se puede usar la palabra 'democracia' mientras, por ejemplo las instituciones de la Unión Europea nadie las vota, pero tienen cada vez más competencias para intervenir en la vida interna de las naciones miembro. "La democracia se convierte en una religión, se están imponiendo diferentes ideologías destructivas que conceden la libertad para hacer el mal, aunque 'libertad' signifique distinguir el bien y el mal", afirma. 


Según el escritor, está claro que desmontar estos poderes mundiales tiránicos no va a ser nada fácil. Lo que necesitan ahora los pueblos son gobernantes que los defiendan ante estas fuerzas económicas. Un ejemplo destacado de nación que lucha contra esta tiranía es Rusia. "Rusia está dando una lección al combatir contra las fuerzas que imponen su hegemonía en el mundo", agrega De Prada.  

"España tendrá que despertarse y recuperar su dignidad si no quiere convertirse en una nación ridícula y grotesca"

Por eso, según el novelista, España tiene que seguir este ejemplo de Rusia, ya que el país será tanto más libre cuanto menos europeo sea. De Prada admite que es antieuropeísta y lamenta el hecho de que su país se haya metido en el mismo camino que Europa, "esa amalgama de poder destructivo". "España tendrá que despertarse y recuperar su dignidad si no quiere convertirse en una nación ridícula y grotesca", indica De Prada.  

"Pasamos la crisis y volvemos a lo mismo. En vez de buscar reprimir la economía financiera, estamos otra vez en lo mismo y se están repitiendo los errores. Los ricos vuelven a tener más dinero, mientras los pobres vuelven a tener menos dinero. Se están bajando los sueldos de nuevo para que se reactive la economía", dice el escritor, que mantiene que se puede explicar por la dependencia económica de los países occidentes de las fuerzas supranacionales. De Prada afirma que los Gobiernos ya no tienen poder ya que son esclavos de Bruselas y sus órdenes. 

La crisis de civilización provocó la crisis de política, economía y de valores, según el escritor. La deificación del ser humano que vive sin Dios es la razón principal para este crisis.  


Fuente
rt

domingo, 26 de octubre de 2014

LA LEYENDA NEGRA (3)



Meditación acerca de la leyenda negra... ... pasado y actualidad… (3)

El conjunto de exageraciones y odio mal justificado, base de la leyenda negra, tuvieron parte de su origen tanto en la expansión aragonesa por el Mediterráneo, como en la Conquista de América, la Inquisición o la Guerra de Flandes, y hay una figura que todos imaginan automáticamente al hablar de este tema, ese rey serio de mirada severa, rubio, no muy alto, siempre vestido de negro, nos referimos al Rey Católico, Felipe II.
                                José Antonio Crespo-Francés
                            Coronel en situación de Reserva

sábado, 25 de octubre de 2014

MEDITERRÁNEO



Del mito a la razón

A mediados del primer milenio antes de Cristo, en las costas orientales del Mediterráneo se generaron nuevas concepciones del mundo que han sido esenciales en el devenir cultural europeo

El cuestionamiento de la necesidad de los dioses para descifrar los enigmas del cosmos; la organización de ciudades alrededor de un espacio central común –el ágora o el foro– como lugar favorable al encuentro y al diálogo, y una nueva consideración de la persona que sustituye la fuerza del guerrero por la fuerza interior del filósofo acontecieron en el mundo grecolatino antiguo. Estas ideas permitieron establecer una nueva relación entre hombres y dioses, y entre los propios hombres, buscando a veces puntos de encuentro y revelando secretas admiraciones mutuas en vez del sistemático deseo de destrucción.

Los límites del Mediterráneo que contempla la exposición no son los que fenicios, etruscos, griegos y romanos abordaron, sino aquellos que la imaginación alcanzaba: un espacio a la medida del hombre, un espacio de libertad mental. La muestra combina mitos, esto es, historias, y la Historia: la historia de la voluntad del hombre mediterráneo por ir más allá de lo dado cuando decide enfrentarse al destino, prescindiendo del capricho de los dioses, y por interrogarse sobre el fundamento del mundo y su adecuación a las necesidades humanas.


Fuente
lacaixa

     Ver+ Mediterráneo.Del mito a la razón