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miércoles, 22 de octubre de 2014

LIMITAR LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN


La ilegalidad de las ideas

En La Crónica del miércoles 23 de julio (2003) Jacinto Antón aludía al hecho de que la reciente actuación de los Mossos d'Esquadra (incautando 10.000 libros "nazis" de la librería Kalki de Barcelona y de las Ediciones Nueva República) había manifestado tal exceso de celo que incluyó obras del célebre escritor Ernst Jünger. En realidad, las obras "nazis", al parecer, incluían también libros del falangista José Luis Arrese o de uno de los introductores del fascismo en España, Ramiro Ledesma Ramos. En fin, un melting-pot ultraderechista.

Pero al margen de estas precisiones, el episodio policial vuelve a poner en primer plano una cuestión difícil de acotar: ¿cuáles deben ser los límites de la libertad de expresión y de la circulación de ideas? ¿Dónde comienza o acaba la "apología del genocidio" en una democracia más allá de lo que establece el Código Penal vigente? ¿Hasta qué punto es legal incautar obras con ISBN y Depósito Legal? ¿Debe existir censura previa?
Respecto a la primera pregunta, es fácil coincidir en una respuesta de amplio consenso social: el delito supuestamente cometido por los editores y difusores de estas obras ("apología de genocidio") despierta una inmediata condena ética y social, que comparte quien escribe estas líneas. Es obvio -como han demostrado los resultados electorales- que la mayor parte de nuestra sociedad no se identifica con postulados neonazis, racistas o antisemitas. 

Pero al exigir que una sanción legal acompañe a la condena ética se entra en un campo minado para la libre circulación de ideas.
En efecto, "judicializar" la difusión de ideologías en función de su supuesta maldad o bondad abre vías de eventual limitación de las libertades cívicas


Porque... ¿debe limitarse la "apología del genocidio" a obras exaltadoras del nazismo o negadoras del exterminio judío? ¿Y la dura realidad del "Gulag" soviético? En 1997 una obra de historiadores franceses, El libro negro del comunismo, inventarió los crímenes monstruosos del llamado "socialismo real". ¿Es posible, después de aparecer numerosas monografías que describen el totalitarismo comunista, excluir del delito de "apología del genocidio" obras laudatorias de los extintos regímenes comunistas


¿Por qué?
La situación se hace más complicada si miramos nuestro pasado inmediato, el franquismo. Está documentada la voluntad de genocidio de la dictadura respecto a la cultura catalana, como refleja una monografía de Josep Benet de 1995. ¿Qué hacer, pues, con quienes reivindican la memoria del régimen anterior? ¿Hay que cerrar la revista Fuerza Nueva? ¿Y la Hermandad de Combatientes de la División Azul? Ahí está un trabajo que se acumula para jueces y letrados y que se complica con la publicación exitosa de la obra de Pío Moa Los mitos de la Guerra Civil. En ella, se cuestiona (entre otros aspectos de la contienda y sus participantes) la "crueldad de Franco", y su autor argumenta que éste "sale bien parado", "si lo comparamos con, por ejemplo, Churchill, Roosevelt o Truman, no digamos Hitler o Stalin". Lejos de merecer condenas, Moa fue largamente entrevistado en la televisión estatal sin intervenir ningún contradictor de sus argumentos. ¿Debió ser censurado?
Tipificar el delito de "apología de genocidio" abre las puertas a que la verdad histórica se confunda con la judicial y ello no depara nada bueno ni a la historia ni a la libertad de ideas. Tampoco está de más recordar que la sentencia de una actuación precedente de la policía autonómica de 1998 contra el dueño de la Librería Europa, Pedro Varela, aún está pendiente de ejecución por un recurso presentado ante el Tribunal Constitucional.
Igualmente, cabe destacar que este tipo de intervenciones policiales cada vez tiene menos sentido en la era de Internet: si alguien se molesta en viajar por páginas web ultraderechistas descubrirá que se puede copiar libros enteros. Por otra parte, si se quiere limitar la difusión de este tipo de obras en el ciberespacio, se entra en problemas complejos. Así, dado que la venta de Mi lucha, de Adolf Hitler, está prohibida en Alemania, los neonazis adquirían la obra en la librería virtual de Amazon, pues en EE UU es un texto de difusión legal. Tras producirse varias protestas, Amazon ha decidido retirar el libro de su catálogo. Esta cibercensura abre una senda de destino ignoto (¿se retirarán sistemáticamente obras catalogadas por las protestas que se efectúen?) y plantea algunos problemas obvios: si algún estudioso o interesado desea conocer las fuentes originales del hitlerismo, ¿dónde las podrá consultar?; ¿deberán habilitarse bibliotecas vigiladas?
A quien esto escribe le separa un abismo ideológico de los editores, autores y distribuidores de las obras incautadas, pero considera que -pese a todo- éstas deben ampararse en el marco de la libertad de expresiónLas ideas sólo pueden combatirse con ideas, aunque ello nos desagrade. 

Actualmente, la generalización de un pensamiento políticamente correcto crea un clima social de censura ideológica, como mostró el episodio protagonizado por Miriam Tey y Todas putas, en el que abundaron opiniones contrarias a una obra que apenas nadie se había tomado la molestia de leer previamente. 


En definitiva, cuando la democracia necesita policía del pensamiento, su salud no puede ser muy buena.

Fuente                                  Xavier Casals
elpais

martes, 21 de octubre de 2014

LA LLEGADA DEL FASCISMO



La llegada del fascismo: Ramiro Ledesma Ramos
Fundador de las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista, fue uno de los personajes más vigorosos e interesantes de la crisis española de los años treinta
En los años de vísperas, cuando en la aspiración a construir una idea de España se mezclaban las actitudes más oportunistas y las conductas más audaces, llegó también el esfuerzo por adaptar el concepto de nación al pensamiento fascista
No vino esta doctrina a nuestro país a través del escuadrismo violento o de los cenáculos enloquecidos del racismoal estilo de lo sucedido en Italia o Alemania. Apareció, de un modo parecido a como habría de ocurrir en Francia, de la mano de jóvenes intelectuales inconformistas, desasosegados por la decadencia de la nación y la crisis del régimen y también por su afán de articular una nueva cohesión social basada en el fortalecimiento del Estado, la justicia y el rechazo de cuantos habían apostatado de la historia patria.
En febrero de 1931, tiempo de manifiestos y declaraciones, se hizo público el de «La conquista del Estado», pronto convertido en un semanario que se prolongaría, con alguna interrupción, hasta el mes de octubre, tras crearse el primer partido fascista español, las Juntas de Ofensiva Nacional-Sindicalista. El objetivo de la organización era menos urgente que la llamada a la movilización de una conciencia. «Un grupo compacto de jóvenes españoles se dispone hoy a intervenir en la acción política de un modo intenso y eficaz». Todas y cada una de las primeras palabras del manifiesto resultan altamente significativas.
La memoria de Ramiro Ledesma Ramos quedó oculta tras la figura de José Antonio
La juventud, la coherencia, la españolidad, la acción, la intensidad, la eficacia. Todo suena a una enérgica voluntad de cambiar las cosas, de afirmar una presencia que debe sobreponerse al escaso número de los agrupados. Apenas una docena que, en las semanas siguientes, irá cuarteándose hasta dejar casi a solas a uno de los personajes más vigorosos e interesantes de la crisis española de los años treinta. Ramiro Ledesma Ramos aún no ha cumplido los veintiséis años, y no pasará de los treinta y uno.
Su memoria ha quedado oculta tras la imponente figura de José Antonio Primo de Rivera, del que se separará a comienzos de 1935. Su abandono de la militancia nacionalsindicalista no le evitará ser víctima de una de las masacres del otoño de 1936. Ortega, profesor e interlocutor del joven zamorano, lamentará el crimen: «No han matado a un hombre, han matado una idea». Una de tantos hombres y mujeres, una de tantas esperanzas de España liquidadas en blancas tapias de cementerio, cunetas polvorientas de carretera, ateridos patios de cárcel. Y en el sediento, insaciable campo de batalla de una guerra inicua.
Madurez intelectual
Ledesma llega a su breve aventura política, sin embargo, en plena madurez intelectual. Antes de los diecisiete años ha publicado una novela apreciable, nietzscheana, unamuniana, «El sello de la muerte». Poco después, deja las notas de un sugestivo y largo ensayo sobre «El Quijote y nuestro tiempo». Colabora en «Revista de Occidente» y «La Gaceta Literaria», con reseñas precisas y exigentes sobre el pensamiento científico y filosófico de la Europa de entreguerras.
Lo que mueve a este pequeño grupo es lo que Ledesma llama "nuestra angustia" 
Esa disciplina estará siempre presente en su desdén por la logomaquia y la pomposidad verbal, nada infrecuente en determinados patriotismos de circunstancias. En la sobriedad del estilo de Ramiro Ledesma, así y todo, hay sitio para la emoción: la de la justicia social, la de la defensa de un resurgimiento de España, la de la lucha por rescatar una nación a la que quiere imprimir, con una palabra que hay que entender en el contexto de su época, la ambición imperial. Lo cual significa la conciencia de una empresa común y la aspiración a un lugar en los debates universales, en los que España aporte la fuerza de su historia y el perfil de una identidad fabricada a lo largo de siglos de afirmación nacional.
Instante decisivo
«Todo español que no consiga situarse con la debida grandeza ante los hechos que se avecinan, está obligado a desalojar las primeras líneas y permitir que las ocupen las falanges animosas y firmes». De eso se trataba, precisamente: de la percepción del instante decisivo que requería la lucha, del compromiso de quienes, por su juventud, parecían más predispuestos a arriesgarse y aprovechar una etapa de oportunidades últimas. Lo que mueve a ese pequeño grupo, que ni siquiera ha formado un partido, y mucho menos una escuadra de violencia callejera, es lo que el propio Ledesma llamará, semanas más tarde, «nuestra angustia hispana». Esto es, «advertir cómo España -el Estado y el pueblo españoles- vive desde hace casi tres siglos en perpetua fuga de sí misma, (…) en una autonegación suicida de tal gravedad, que la sitúa en las lindes mismas de la descomposición histórica. Hemos perdido así el pulso universal».
La superación del Estado liberal, la organización sindical de la economía, la exaltación de la universidad y la revitalización de la vida comarcal, acompañan al principal de los valores enarbolados: la afirmación nacional: «Nos hacemos responsables de la Historia de España. Nada puede hacer un pueblo sin una previa y radical exaltación de sí mismo como excelencia histórica». Ledesma y sus compañeros se dirigieron a los anarcosindicalistas, en quienes veían la energía justiciera de unos trabajadores extraños al internacionalismo marxista.
Las dos Españas
Solicitaron el apoyo de los hombres del 98 del 14, que los desdeñaron, identificándolos con las formas más groseras del fascismo mussoliniano. Buscaron inútilmente la complicidad de una derecha abúlica, a la que exigían un compromiso con la patria y la justicia que los conservadores esquivaron. Se arrojaron entonces por los caminos que las propias circunstancias iban a fijar: los del enfrentamiento, los de las dos Españas, el de la aniquilación del adversario. En las palabras inaugurales de Ledesma, no obstante, sonaba, como tantas veces ocurriría en aquella hora la sensata ilusión por la regeneración y la salvación de España, a uno y otro lado de la barrera de sangre, polvo, rencor y olvido, que lanzaría a la nación a su tragedia.
Fuente                     Fernando García de Cortázar
abc        Catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Deusto

lunes, 20 de octubre de 2014

POBREZA Y EXCLUSIÓN SOCIAL




España, país de pobreza y exclusión social
Las políticas de austeridad y la reducción de los fondos públicos para prestaciones sociales, está convirtiendo la pobreza en miseria. Así decía el año pasado el informe de la Fundación FOESSA. Sin tener ninguna esperanza en que la situación fuera a mejor, nos encontramos con que en el informe de este año, Cáritas denuncia que España es el segundo país de la UE con más pobreza infantil; y no solo es la infancia. Vergüenza y dolor es lo que siento, e indignación contra esta grave situación.
La reducción de las prestaciones sociales por parte del Gobierno y las medidas de austeridad aplicadas, son algunas causas de esta grave situación. España es el segundo país de la Unión Europea con el mayor índice de pobreza infantil, superada solo por Rumania, según revela el informe de Cáritas Europa, sobre el impacto social de las medidas de austeridad aplicadas en los países más golpeados por la crisis. «Las medidas de austeridad han fallado a la hora de solucionar los problemas y generar crecimiento», afirma el secretario general de Cáritas Europa, Jorge Nuño. El riesgo de pobreza entre los niños menores de 18 años se situó en 2012 en el 29,9%.
No es solo Cáritas; también UNICEF maneja esas cifras. Durante la crisis, los niveles de pobreza infantil se han agravado y han cambiado los perfiles de los niños que la sufre. Un 19% de menores viven en hogares de cuatro miembros, que tienen unos ingresos anuales inferiores a los diez mil euros y cuatro de cada diez hogares con niños, no pueden afrontar gastos imprevistos, según el análisis del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, en base a datos del INE y el Eurostat. La directora de Sensibilización y políticas públicas de UNICEF Comité Español, Marta Arias, indica que la pobreza se puede medir en términos monetarios o de una forma más amplia —desempleo o acceso a servicios básicos—. En cuanto a la pobreza «monetaria, hay un total de 2,5 millones de niños que viven en familias por debajo del umbral de la pobreza y teniendo en cuenta otros factores, son los 2,8 millones».
El año pasado, según el informe anual que elabora la Fundación Fomento de Estudios Sociales y Sociología Aplicada (FOESSA), se habían alcanzado máximos históricos en desempleo y grandes aumentos de la desigualdad, mientras que los procesos de empobrecimiento y de inseguridad económica de los hogares españoles habían llegado a un punto de difícil retorno. Ahora, el informe Análisis y Perspectivas 2014, señala que todo ha ido a peor en ámbitos como el económico, la salud o la vivienda, resaltando que «las medidas de austeridad han generado más pobreza», consiguiendo que un millón y medio de hogares españoles sufran exclusión social severa.
Las personas en riesgo de «pobreza» o «exclusión socia»l son las que disponen de un 60% del ingreso medio del resto de la población —18.601 euros según Agencia Tributaria y 15.500 euros, según el Instituto Nacional Estadísticas—; las que tienen entre el 40% y el 50% son catalogadas como «pobres» y las que disponen de menos del 40% se encuentran en situación de «pobreza extrema». Así es como se encuentran al menos un millón y medio de hogares españoles, un 69,8% más que en el año 2007. Estas cifras sitúan a España, junto con Rumania, a la cabeza de los países con mayor índice de pobreza, seguidos por Bulgaria y Grecia. Parece como si el gobierno pretendiera situar a España, en los dos próximos años, en cabeza de la pobreza.
La situación que presenta Cáritas, por conocida, no deja de ser espeluznante. El gobierno rescata bancos —con al menos 41.300 millones— y para salvar de la quiebra a las empresas de autopistas, otros 3.900 millones. Los rescates, las políticas de austeridad y la corrupción económica, han produciendo el mayor empobrecimiento de la población. El porcentaje de hogares sin ingresos ha crecido, pasando de unos 300.000 a mediados de 2007 a casi 700.000 en 2013. Señala el informe, que con 2.600 millones de euros, se rescataría a estos hogares sin ingresos. Ha llegado la hora de que se rescate a las personas y no a los bancos y empresas.
El informe constata cómo el empeoramiento de la situación social en España se extiende a amplios sectores de la población. El grupo social con plena integración es una minoría, mientras que el espacio de la exclusión se ha intensificado hasta alcanzar al 25,1% de los hogares en 2013. Cerca de doce millones de personas (3,8 millones de hogares) están afectadas por distintos procesos de exclusión social. Las políticas de austeridad del gobierno de Rajoy, lejos de solucionar la situación, la ha empeorado y 4,4 millones de personas más, se encuentren afectadas por exclusión severa.
Si el riesgo de pobreza entre los niños menores de 18 años se situó en 2012 en el 29,9%, casi nueve puntos por encima de la media de la UE, otro de los sectores de población especialmente afectados por la crisis es el de las personas mayores, habiendo experimentado la pobreza entre ellas un aumento significativo, del 7% en 2008, al 10,6% en 2012. A esto hay que añadir, que en muchos hogares, son las pensiones de los abuelos los únicos ingresos de la familia. Con el PP hemos progresado.
Según Cáritas, la población española es de las más afectadas por la crisis económica. Mientras la tasa media de pobreza entre países comunitarios fue del 25,1% en 2012, España registró un 28,2%. 13 millones de personas se encuentran en situación de pobreza y el 12% que trabaja, no gana suficiente para escapar de la pobreza. Este en un país que, junto con Grecia, ha experimentado el mayor incremento del desempleo desde el inicio de la crisis —según la EPA más de 6 millones de desempleados—. Como consecuencia, muchos ciudadanos se han visto obligados a buscar trabajo en el extranjero, huyendo de la miseria que aquí se les ofrece. Negro futuro.
El informe hace alusión a la investigación —revista British Medical Journal— sobre los recortes en el sistema sanitario español, que a pesar de tener uno de los gastos sanitarios más bajos de la UE, ha visto disminuida su inversión, con el efecto negativo que esto conlleva ocasiona en la salud. España es una de las sociedades más desiguales de Europa y con un mayor empobrecimiento. Han aumentado los trastornos depresivos, problemas con el alcohol y los suicidios, que se han disparado desde el comienzo de la crisis. Según el INE, el número de fallecidos por suicidio aumentó un 11,3% durante 2012, elevándose a 3.539 casos, situándose en la tasa más alta desde 2005.
Si al principio eran más las personas inmigrantes las que acudían a los centros de asistencia social, desde 2010, es mayor el número de españoles que se acerca a ellos. Mujeres, parejas jóvenes con hijos y familias monoparentales que se encuentran en riesgo de exclusión social al quedarse sin casa ni ingresos. Esta situación marcará la estructura social española de los próximos años, mostrando «una tendencia que podría resumirse como de pobreza creciente y derechos menguantes», dice FOESSA.
Mientras los poderosos y corruptos destripan las arcas públicas y se llevan el dinero a Suiza, las políticas de austeridad han convertido la pobreza en un arma contra el pueblo. Montoro dice que el informe Cáritas «no se ajusta a la realidad» porque es «puramente estadístico»; lo dice él que tanta estadística saca a relucir. UNICEF también denuncia la pobreza y nuestra percepción también lo aprecia. La realidad es que con Rajoy en el gobierno, la pobreza infantil creció 4 puntos y 3 puntos la pobreza de las personas mayores. Mienten y nos vuelven a mentir
Los recortes en los servicios públicos de salud y dependencia y la reducción de prestaciones sociales, han dejado desprotegidos a los más vulnerables, abandonado a su suerte a la gran mayoría y esto no es puramente estadístico. Están haciendo más ricos a los ricos y más pobres a los pobres. El PP está aplicando su particular versión de la «Solución Final»: los enfermos crónicos, los dependientes, los jubilados, los pobres, marginados y excluidos serán los primeros; a falta de gas, austeridad.
Fuente                                           Víctor Arrogante
nuevatribuna

domingo, 19 de octubre de 2014

EL DIARIO DE GUERRA



El diario de guerra de Ernst Jünger
El escritor Ernst Jünger reflejó su paso por la Primera Guerra Mundial en el diario que llevó entre 1914 y 1918 y que ahora se edita en español. Gabriel Albiac traza la génesis de uno de los filósofos capitales del siglo XX

No iban a encontrarse hasta casi treinta años más tarde, pero en 1914 están cada uno a un lado de las trincheras. Ven lo mismo. Lo narran, como nadie había narrado antes. Louis-Ferdinand Céline y Ernst Jünger coinciden en una recepción del gobernador militar alemán en el París ocupado. Tratan de presentarlos como iguales: héroes de la Gran Guerra que revolucionaron la literatura. Jünger queda despavorido ante el salvajismo del tipo al cual dicen su igual en Francia: «Cuando habla tiene la mirada fija propia de los maníacos, una mirada que parece brillar desde el fondo de las cavernas».
Poseemos constancia de lo sucedido en aquel diciembre de 1941. Céline había llegado, como siempre, desaliñado y furioso. Se había ido de cabeza a por el dirigente alemán. Le había interpelado con la salvajada que deja helado a Jünger: «Céline ha manifestado su extrañeza, su asombro, por el hecho de que nosotros, los soldados alemanes, no exterminemos a los judíos: por el hecho de que alguien que tiene a su disposición una bayoneta no haga un uso ilimitado de ella».
Los jóvenes escritores que asisten a la recepción hablan de un Céline que ni siquiera aguarda respuesta, se da la vuelta y desaparece con la misma ausencia de cortesía con la que había entrado; lo disculpan ante el militar alemán: es Céline, ya se sabe, no se lo tome usted demasiado en serio. Y Jünger anota cómo, en esa mirada loca del Céline que sólo ansía el exterminio –por él exigido en «Les bagatelles pour une massacre»– de la población judía, ha percibido el destello de una debilidad que el alemán desprecia: el nihilismo.
Un antinazi instintivo
Todo Jünger cabe en esa paradoja, difícil de entender y, de hecho, no entendida: héroe de la primera guerra, militarista ascético, cantor de la épica combatiente, nada odia más Jünger que el nihilismo. Eso hará de él un antinazi instintivo. Como sucedió a tantos entre los militares alemanes de la Segunda Guerra Mundial. No participó directamente en el atentado de 1944 contra Hitler. Pero algunos de los implicados eran amigos suyos.
Para aquellos militares de carrera, como paraErnst Jünger, Hitler quintaesenciaba la locura plebeya que disparó los totalitarismos de entreguerras, del nacional-socialista como del bolchevique: a eso llaman «nihilismo». Y será uno de aquellos viejos conservadores, huido tras la depuración de las SA de Röhm, Hermann Rauschning, quien dará cuerpo teórico a tal rechazo en un libro de lectura indispensable para entender la tragedia alemana de entreguerras: «La revolución del nihilismo». Huirá Rauschning. El estricto sentido del deber militar impedirá a Jünger hacer lo mismo.
Era ya entonces el más prestigioso de los narradores alemanes. Sin contar con el aura de heroicidad con el que sus siete heridas en la guerra del 14 lo revestían. Eso le salvó la vida, sin duda. Aunque, en algún momento, la Gestapo lo mantuviera bajo estricta vigilancia. Pero Hitler se conmovía con la lectura de sus «Tormentas de acero». Y ni siquiera la verosímil burla del nazismo que era «Sobre los desfiladeros de mármol» lo hizo cambiar de opinión.
En la prodigiosa cabeza de Ernst Jünger
La movilización lo salvó de mayores quebraderos de cabeza. Capitán en el Estado Mayor alemán, al mando de Hans Speidel, Jünger, desde su despacho del Hotel Majestic, despliega su honda fascinación hacia París y hacia la cultura francesa. Ambos –París y la literatura y la pintura de Francia– le son tan amados cuanto detestados sus propios jefes políticos, esa insufrible plebe del Partido nazi y la Gestapo. En la prodigiosa cabeza de Ernst Jünger, el arte y la literatura han desplazado ya, a esas alturas de la vida, a la acción militar como lugar sobre el cual asienta el héroe su campamento. Solitario.
Pero el joven que se alista, apenas comenzada la Primera Guerra Mundial (entonces era sólo Gran Guerra, la vulgaridad de numerarlas no estaba todavía en uso), tiene 19 años. Aunque ya, dos años antes, ha huido del hogar paterno para alistarse en la Legión Extranjera francesa. No ha publicado aún nada: es un perfecto desconocido.
El «Diario de guerra», cuya traducción al español ve ahora la luz, no fue concebido como proyecto literario. Su autor no es todavía ese cuyas «Tempestades de acero» –para cuya elaboración estos diarios tanto han pesado– serán saludadas seis años más tarde por André Gide como «incontestablemente el más bello libro de guerra que he leído nunca, de una buena fe, de una honradez y de una veracidad perfectas».
Mapa de cicatrices
El estilista supremo que es, a partir de ese 1920, Ernst Jünger, en vano lo buscaríamos en estas anotaciones del día a día de un joven soldado que, en las trincheras, apostará por ser héroe, con una generosidad y un desapego hacia la propia vida que hielan la sangre. Y no sorprende que Gide vea en ese testimonio de la Guerra del 14 la forma suprema del relato militar. Louis-Fernand Céline, hablando de lo mismo –y escribiendo igual de bien, tal vez mejor, que el alemán– sólo ve mugre y casquería, y miedo, y una sordidez de la cual no es posible hablar más que por vía de hipérbole grotesca.
El libro de Jünger es ya –como lo será toda su obra– una apuesta de clasicismo: lo único en lo cual puede, en medio del fango y la sangre, dar voz al héroe. Puede que sólo Kipling, en su escalofriante «Una madona de las trincheras», haya sabido dar con un equivalente clasicismo para narrar esa desolación. En la reflexión teórica, lo hará Sigmund Freud en sus «Consideraciones sobre la guerra y la muerte».
Jünger dejará, en el aburrimiento de un hospital de campaña, la constancia de ese mapa de cicatricesde la Guerra del 14 que es su cuerpo: «Una vez me entretuve recapitulando mis heridas. Constaté que, salvo algunas pequeñeces como tiros de rebote y desgarros, en total había recibido al menos catorce impactos, a saber, cinco disparos de fusil, dos cascos de granada, un balín de ''shrapnel'', cuatro cascos de granada de mano y dos disparos con orificio de entrada y salida». Ernst Jünger murió en febrero de 1998. Tenía 102 años.

Fuente                                         Gabriel Albiac

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Diario de guerra (1914-1918) de Ernst Jünger

sábado, 18 de octubre de 2014

LA "RED GLOBAL"



La Era de las Redes 
No hay duda: la llegada de la "Red global" anuncia una época sin precedentes: la Era de la Red. Internet es una red cuya circunferencia es ilimitada y cuyo centro es la nada.
El siglo XX terminó en noviembre de 1989 con la caída del muro de Berlín. El siglo XXI, extraoficialmente, se inició en 1993, con la primera difusión en gran escala de Internet. No hay duda: la llegada de la "Red global" anuncia una época sin precedentes: la Era de la Red. Internet es una red cuya circunferencia es ilimitada y cuyo centro es la nada. Este medio descentralizado, interactivo, horizontal, que se conecta a sus usuarios a la velocidad de los electrones, establece una especie de cerebro planetario cuyas neuronas son los individuos conectados. Millones de personas ya han entrado en esta sociedad de comunicación global, que supera fácilmente las fronteras y los controles. Cada mes, un millón de nuevos "contactos" se unen a este sistema. En las "info-autopistas", donde la escritura, el sonido y la mezcla de imágenes se convierten en un lenguaje numérico único, un nuevo mundo se está levantando, un "mundo cibernético", poblado por "ciber-ciudadanos". Ni los gobiernos ni los políticos hasta ahora han entendido la medida exacta y las consecuencias de este fenómeno.
Cada evolución tecnológica crea su propia ideología, y esta ideología impulsa el cambio social. En las sociedades tradicionales, las relaciones humanas eran principalmente territoriales y tenían lugar en una dimensión espacial continua. La urbanización modificó profundamente este modelo. La praxis social ha permitido, en relación a la disyuntiva entre el lugar de trabajo y el lugar de residencia, el hecho de que todos los días se pueda salir del propio domicilio (multilocalización). El espacio se convierte una propiedad como cualquier otra, que puede ser vendido, amasado o intercambiado. El advenimiento de las transformaciones propiciadas por la Red acelera este proceso. Aunque la comunicación se convierte en el motor esencial de las relaciones sociales, la extensión de la red contribuye a la fragmentación y la "uninstitucionalizacion" de la sociedad. No hay más pertenencias, no más adhesiones: "estar en línea" es el imperativo categórico. Los partidos políticos o los sindicatos ya no representan un medio eficaz para el logro de los individuos, mientras que las asociaciones cívicas y los movimientos monotemáticos les abruman. En el mundo de la Red no hay más naciones o poblaciones, sino múltiples y prolijas pertenencias e identidades: tribus, clanes o la diáspora.
Dispositivos y móviles son herramientas, entre muchos otras, que contribuyen a liberar al hombre. "Mañana, calles y plazas —señala Alain Finkielkraut— serán invadidos por mutantes ocupados hablando con ellos mismos". De este modo se crea una sociedad nómada —nomadismo de las herramientas, de los valores y de los hombres— que privilegia una modalidad transversal de la comunicación, aplanando las estructuras institucionales y piramidales clásicas. Un mundo virtual, sin distancias y sin caducidad está creciendo: un mundo de la Red encriptada incontrolable, en la que objetos inmateriales circulan y regresan sin materializarse al final del proceso; están involucrados en un mundo que también podría convertirse en una jungla financiera, donde las bolsas de valores se transforman en casinos electrónicos.
Internet es una herramienta de comunicación, pero su forma de comunicación suprime las dimensiones de espacio y tiempo, que son (eran) el contexto en el que, hasta ayer mismo, se expresaba la libertad humana. De esta manera, la Red aprisiona al individuo en un ámbito privado que está cada vez más limitado al abuso de un mando a distancia o del teclado. El progresivo de deslizamiento del lugar de trabajo hacia la dirección electrónica (teletrabajo) va en esta misma dirección. Si el mundo ya está prácticamente descubierto, ¿qué nos queda sino el hogar? El filósofo Paul Virilio pregunta: ¿por qué debemos salir? Por último, la Red pone de relieve todas las características esenciales de este siglo: el estado de ánimo de inmediatez (es decir, el zapping), el olvido de la historia, de los valores y de la razón, en el que el disfrute se concibe como una forma privilegiada de acceso a la experiencia. La libertad de expresión es cada vez más restringida en su forma comercial, reducida a la soberanía absoluta del consumidor. Bill Clinton definió el comercio electrónico como el "Far West de la economía en su conjunto". En un universo en el que todo es accesible a través de un peaje (mercado global), sólo el mercado todavía sustrae a la gente de la soledad.
El advenimiento de la Red también crea lazos de un nuevo tipo. Cuando 300.000 personas se reunieron en París para el día "Gay Pride", cuando las Jornadas mundiales de la Juventud reúnen a un millón de jóvenes católicos, cuando cientos de miles de personas participan en Bélgica en una "marcha blanca", cuando dos millones de vascos protestan en la plaza pública en contra de los ataques del terrorismo, cuando un millón de alemanes participan en Berlín en un "desfile del amor", cuando un millón de italianos se manifiestan en Milán contra la división de su país, cuando una multitud innumerable se reúne en Londres para el día de la ascensión en el paraíso de lady-D, ex Madonna de los tabloides y de inmediato proclamada santa y mártir. Los sociólogos se refieren a los "movimientos populares no identificados". Estos enormes montajes, más o menos espontáneos, representan realmente el tipo de manifestación que se corresponde con el mundo de la Red.
Además de la diversidad de motivaciones obvias, todos ellos son un fenómeno único: las formas posmodernas de la afirmación de un sentimiento, una creencia o una forma de vida compartida, ubicados dentro de la tendencia actual de la afirmación de las identidades comunitarias, que van más allá de los límites de los sentimientos de pertenencia habituales.
Así, los nuevos flujos reemplazan a los territorios en todo el mundo.
Internet es sólo la forma más visible e inmediata de esta desterritorialización. Nosotros sólo estamos contemplando el comienzo de un fenómeno, y el que crea que puede ser reversible en corto plazo está probablemente equivocado. El futuro desarrollo del mundo de Internet es una cuestión difícil. El estado del mañana dependerá de la forma en que seamos capaces de darle una respuesta.
Fuente                                        Alain de Benoist

viernes, 17 de octubre de 2014

LA LEYENDA NEGRA (2)


Meditación acerca de la leyenda negra... pasado y actualidad… (2)


Podríamos definir la idea de leyenda negra como el ambiente creado por relatos inexactos, malinterpretados, sacados de contexto temporal, acerca de España, que se ofreció fuera de nuestras fronteras, creando descripciones grotescas de la personalidad española, individual y colectiva, ignorando de una manera sistemática todo aquello que es favorable y hermoso en las diversas manifestaciones del arte y de la cultura y que fue presentado y asumido, gracias a la repetición y a la imprenta, por los propios españoles, llegando algunos a renegar de su pasado “y suministrando en determinados casos un material de primera mano exagerado o malintencionado”.
                               José Antonio Crespo-Francés
                           Coronel en situación de Reserva.

jueves, 16 de octubre de 2014

RAZONES COMUNES



La secta del dinerismo

Como nos advertía Chesterton, el liberal y el socialista, como el carterista y el que prohíbe los bolsillos, son por igual polillas de nuestro dinero
VIENDO los enjuagues de esa junta de garduñas del dinero ajeno que acampaba en Caja Madrid, donde se mezclaban en amor y compaña liróforos del liberalismo y rapsodas del socialismo, nos hemos acordado de aquella sabrosa caracterización que Chesterton hacía de capitalistas y comunistas. Escribía Chesterton que el capitalista es un gran partidario de la propiedad, pero de la propiedad ajena, al modo del carterista; y que para combatir los desmanes de este gran partidario de la propiedad nació el comunismo, cuya misión consiste en reformar al carterista… prohibiendo los bolsillos. Y es que el liberal y el socialista, a la postre, son por igual polillas de nuestro dinero.
Hace ya cuatro siglos, en su sátira La isla de los monopantos, Quevedo nos explicaba el ingenioso modo a través del cual estos grandes partidarios de la propiedad ajena iban a saquearnos. Los monopantos de la sátira quevedesca, al modo de liberales y socialistas, se reúnen «a confederar malicia y engaños»: unos (estos podrían ser los socialistas, que siempre han presumido de ateazos) afirman no creer que «Jesús era el Mesías que vino»; otros (estos podrían ser los liberales, por aquello del laissez passer), «creyendo que Jesús era el Mesías que vino, le dejan pasar por sus conciencias, de manera que parece que jamás llegó para ellos ni para ellas»; y es que, en realidad, unos y otros tienen un único dios, el dinero, al que rinden culto en secreto, como conviene a «un dios de rebozo, que en ninguna parte tiene altar público, y en todas tiene adoración secreta». A los monopantos los une la codicia, que Quevedo describe como «conciliadora de todas las diferencias de opiniones y humores»; y juran mantenerse secretamente unidos ante un libro que resulta ser (¡qué gran conocedor de los enemigos de España era aquel genial y jodido estevado!) de Nicolás Maquiavelo, autor que gusta por igual a liberales y socialistas. Y remata así Quevedo la narración del encuentro de los monopantos: «Al separarse, unos y otros van tratando entre sí de juntarse, como pedernal y eslabón, a combatirse y aporrearse y hacerse pedazos hasta echar chispas contra todo el mundo, para fundar la nueva secta del dinerismo».
Que en esto consiste, querido lector, la maniobra de despiste de liberales y socialistas, estos monopantos redivivos, para poder saquear a placer la propiedad ajena, como grandes partidarios suyos que son. Fingen que se combaten y aporrean y se hacen pedazos hasta echar chispas, para que la pobre gente ilusa (a la que previamente atiborran con alfalfa liberal o socialista en los negociados de derecha e izquierda creados para tal fin) se incendie, entretenida en una demogresca sin fin, mientras ellos se reparten unas tarjetas de crédito negras como sus almas y se pegan la vidorra padre a costa del dinero del prójimo. Y es que, como nos advertía Chesterton, el liberal y el socialista, como el carterista y el que prohíbe los bolsillos, son por igual polillas de nuestro dinero, con el que pagan sus vacaciones doradas, sus banquetes pantagruélicos, sus clubes de golf y sus cuchipandas con piculinas, así como las braguitas de encaje y los ramos que flores que les regalan, a cambio de que les mientan, diciéndoles que la tienen muy gorda y muy dura. Y, como traen las conciencias en faltriqueras descosidas (donde se les pierde), los muy socarrones siguen alimentando la demogresca mientras tiran de tarjeta: los liberales exigiendo que el dinero fluya sin vigilancia pública, para que sus latrocinios pasen inadvertidos; los socialistas proclamándose celosos vigilantes del dinero público, para podérselo embuchar más fácilmente. 

Así funciona la secta del dinerismo; y hay pobrecitos paganos que, encima, les votan.

Fuente                                   Juan Manuel de Prada
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